lunes, 28 de septiembre de 2015

MARBELLA EN BUSCA DE UN ESTILO





III EL ESTILO INTERNACIONAL (O MOVIMIENTO MODERNO)
El referente internacional.







                                             Pabellón de Alemania en la Exposición Universal 
                                             de Barcelona.  Mies Van de Rohe. 1929.
                                            


En 1951 se creó en España el Ministerio de Información y Turismo. En 1955 y bajo las directrices de este Ministerio se planteó la redacción del Estudio para la Ordenación de la Costa del Sol, que incluía a las provincias de Cádiz, Málaga, Granada y Almería. Las delimitaciones que en aquel momento se entendían desde Madrid traspasaban los límites provinciales de lo que actualmente se conoce como Costa del Sol. Esta delimitación original del territorio no tuvo porqué influir, en principio, en el tipo y estilo de las construcciones que se van a realizar en dicho litoral. Posteriormente, el hecho de que el aeropuerto internacional más importante de esa costa recién ordenada por el poder establecido del momento, esté situado en Málaga, hace que los pueblos más cercanos a esa puerta de entrada del turismo de masas sean los grandes beneficiados o perjudicados, dependiendo de cómo se mire, de la gran transformación del paisaje y la vida de los habitantes del litoral malagueño.
El año 1959 es clave para la economía española. Los acontecimientos que confluyen en ese año constituyen una consecuencia de acuerdos políticos internacionales, que favorecieron un cambio de modelo económico que colocaría al país en una rampa en la que nunca antes había estado y desde la cual, como consecuencia directa, el despegue inesperado del turismo1. El sector turístico, en un principio, debió transmitirle al régimen una sensación de fragilidad, en parte, por el desconocimiento de la materia y también porque era difícil de prever la evolución que este fenómeno podría causar.
Como siempre, los grandes hitos sociales y culturales, tienen un reflejo simultáneo en la arquitectura y en la estética.
Cuando la Costa del Sol despega internacionalmente como destino turístico, en el resto del mundo se está llevando a cabo una corriente arquitectónica de primera magnitud y de una importancia crucial para comprender toda la estética del siglo XX: El Estilo Internacional o Movimiento Moderno.
Atrás se han quedado las ciudades turísticas como Santander, San Sebastián, Biarritz o Niza, que marcaron las pautas del turismo del final del siglo XIX y principios del XX. Atrás se quedaron esos hoteles, donde solo una minoría podía recrearse. Hoteles coronados con cúpulas afrancesadas y decorados con enormes espejos dorados y lámparas de araña. Atrás se quedó el regionalismo, con sus adornos locales y hasta folclóricos, con esos ejemplos que se citaron en el primer apartado de este trabajo, en ciudades como Sevilla, Madrid o Málaga.
El estilo árabe y dentro del mismo, el neomudéjar, no deja, al menos en las primeras décadas del boom turístico, la impronta necesaria para convertirse en el gran estilo de la Costa, aunque posteriormente en Marbella consiga una puntuación que lo deja en segundo lugar. Ante este panorama, ese territorio compuesto de playas vírgenes, campos de olivos, almendros, cañaverales y pequeños pueblos de pescadores, se presenta como un gran libro en blanco. Es necesario construir ciudad donde no existe, necesaria una infraestructura para el desarrollo de una industria, que aún no se sabe en qué va a devenir. La arquitectura, una vez más, al servicio de los grandes cambios sociales. Los arquitectos, promotores, políticos y urbanistas, tienen por delante carta libre donde experimentar, donde desarrollar una arquitectura en equilibrio entre paisaje e industria, entre estética y función. Pueden basar todo el proyecto en su conjunto, en la importante y ensoñadora arquitectura vernácula y mediterránea, en el patrimonio, sobre todo el hispanomusulmán, que se posee, pero como ya se señaló en el primer apartado de Marbella en busca de un estilo, otras tendencias empujaban.
Muchos autores han escrito, estudiado y analizado el movimiento arquitectónico conocido como Estilo Internacional y de la misma forma que para hablar sobre los estilos regionalista y árabe, hubo que rastrear en lo sucedido anteriormente, con este gran movimiento del siglo XX, hay que hacer lo mismo.
La mayoría de los estudiosos del tema, afirman que el origen del gran estilo del siglo XX es la Bauhaus, esa escuela de arquitectura de la Alemania de entreguerras, de donde salieron creadores de la talla de Walter Gropius o Mies van der Rohe, de hecho a ellos, junto a Le Corbusier, se les adjudica la paternidad de la criatura. No existe, como sucede con otros grandes estilos de la historia, una fecha contundente en la que basar el nacimiento de esta corriente. La industrialización, la mecánica, la ingeniería y la ciencia se estaban revolucionando de manera vertiginosa en las primeras décadas del siglo XX. Los nuevos materiales como el hierro, el hormigón, el acero o el cristal, fruto de las investigaciones en los campos de la ingeniería y la ciencia, son claves para entender ese nuevo movimiento arquitectónico y estético. Algunos autores citan a la exposición europea y americana que tuvo lugar en el MOMA de Nueva York en 1932, como pistoletazo de salida del Estilo Internacional. Por parte norteamericana es imprescindible nombrar a Frank Lloyd Wright. Otros hablan del Pabellón de Alemania, obra de Mies van der Rohe, en la Exposición celebrada en Barcelona en 1929 (A la Exposición Iberoamericana celebrada en Sevilla ese mismo año no llegó ningún ejemplo de esas vanguardias), de la Villa Savoye de Le Corbusier e incluso otros afirman, que el estilo no cuaja del todo hasta la construcción del edificio Seagram en Nueva York, 1958, del ya citado Ludwig Mies van der Rohe. 




                                            Edificio Seagram, Nueva York.
                                            Mies Van der Rohe, 1958.
                                        

Es interesante señalar que las bases de ese urbanismo moderno se iniciaron en un medio turístico, porque el primer Congreso Internacional de Arquitectura Moderna (CIAM), se desarrolló en 1933 a bordo del buque de vapor S.S. Patris II, que partió desde Marsella con destino a las islas griegas y en el que participaron unos cien arquitectos de quince países, entre ellos España. Por tanto, nuestro país no queda fuera de las ideas originarias de este movimiento, pues destacados arquitectos de la escena española conocen desde el principio y de primera mano, lo que se está cocinando en el resto del mundo.
En Andalucía y antes de la gran explosión arquitectónica, infraestructura para el desarrollo de la industria turística de la Costa del Sol, se realizaron muchas construcciones que están íntimamente unidas al estilo que se está analizando en este capítulo. Muchas de ellas son obras de ingeniería, como puentes, presas y acueductos y en las que el hormigón armado cumple un papel protagonista2. La relación entre ingeniería y arquitectura moderna, tendrá su expresión definitiva en Andalucía de la mano de Eduardo Torroja, autor de obras tan significativas como el Mercado de Algeciras o las bodegas de González Byass en Jerez, obras en las que el maestro juega con los espacios, retando a la teoría de la gravedad. Entre las obras que están catalogadas dentro del inicio del Movimiento Moderno o Estilo Internacional en Andalucía, cabe también destacar el Cine Góngora de Córdoba (1927-1931) del arquitecto Luis Gutiérrez Soto, el Cine Torcal de Antequera (1933-1934) obra de Antonio Sánchez Esteve, la Fundación Rodríguez Acosta de Granada (1914-1928), edificio en el que colaboran varios arquitectos, entre ellos Modesto Cendoya y el Colegio de Huérfanos de Ferroviarios en Torremolinos (1935) de Francisco Alonso Martos. 




                         Cine Torcal, Antequera. Antonio Sánchez Esteve. 1934.


Una parte de la plantilla de autores que estrenan el estilo en nuestra Comunidad Autónoma, proyecta y trabaja posteriormente en la construcción de la Costa del Sol, como Gutiérrez Soto que tiene registradas 39 obras en Marbella y 6 en Estepona.
Independientemente de la ideología que profesan o la vinculación que algunos de estos autores tienen con la dictadura del General Franco, como el súper mencionado en este trabajo, Luis Gutiérrez Soto, no se puede pasar por alto su enorme labor creativa, vanguardista y a veces hasta transgresora. En ese momento, en el que al contrario de lo que sucede al final del siglo XIX y principios del XX, no se intenta reivindicar lo vernáculo, lo original del lugar, sino que se piensa en una arquitectura adscrita a una universalidad buscada en contraste con la empobrecida España de la apoca3. Arquitecturas que quieren ser una réplica de la actualidad, que tienen en cuenta al consumidor internacional al que van dirigidas. Lugar de libertad creativa respecto a las oportunidades de ese periodo en el resto de la España franquista en las que se desarrollaron. El turismo le transmite a este estilo internacional, una vitalidad que se extiende a la sociedad que habita el territorio. En esos momentos iniciales de la Costa del Sol, se consigue contactar con la modernidad y es ahí, donde el turismo supone una gran oportunidad de renacer culturalmente, al promover el intercambio de personas, de ideas y de formas de vida. La arquitectura y la estética que provoca, se convertirán en la punta de lanza de un porvenir. En el testigo mudo de las nuevas relaciones abiertas que aún hoy día sintetizan ese laboratorio humano y único que es la Costa del Sol.
El estilo funcional, racional, moderno o directamente internacional, surge desde un principio unido a teorías biológicas, según las cuales la forma sigue a la función, aunque después degenera en una deshumanización total, creando verdaderas aberraciones y la Costa presenta por desgracia cientos de ejemplos4.
Imprescindible, volver de nuevo en este trabajo, a reseñar la estética de esa puerta de entrada, que es la terminal del aeropuerto malagueño. Ese aeropuerto que se presentó por primera vez al turista con una torre de control de evidentes reminiscencias árabes, que se disfraza de regionalista en su segunda puesta en escena, ambas creaciones de Gutiérrez Soto y que en 1952 recibe el primer vuelo regular de pasajeros. En 1957, ya toda la infraestructura se ha quedado más que pequeña y la pista se amplía hasta los 2.000 metros, que en 1959 llegaría a ser de rodadura5, homologando el aeropuerto de la capital costasoleña con los principales aeropuertos europeos. La terminal de pasajeros se improvisa y se utilizan un par de hangares denominados ATUCAS, pertenecientes al Ministerio del Aire. Los interiores de esta terminal improvisada se decoran ya con elementos estrictamente modernos, en la línea del mobiliario que diseñan los grandes creadores del momento como Eeero Saarinen o Arne Jacobsen6. Una estética neutra que responde al estilo de vida del turista que la va a disfrutar. El aeropuerto de Málaga empieza a olvidar el lugar en el que se encuentra, los localismos ya no son válidos para recibir al visitante y a este nuevo espacio con aires internacionales, solo se le permite un mural en tonos neutros en el que se percibe la Sierra de Mijas como único paisaje posible con el que decorar una pared. En 1965 esta terminal de pasajeros, se tiene necesariamente que ampliar con otro módulo similar, hasta que en 1968 se proyecta una nueva, obra del ingeniero Aeronáutico José Rodríguez Baltar. 



                            Aeropuerto de Málaga. José Rodríguez Baltar. 1968.


En los años posteriores el aeropuerto de Málaga, sigue ampliándose arrastrando consigo en cada ampliación la estética funcional que va rigiendo en el resto del planeta y este vestíbulo de entrada al paraíso, pierde para siempre la oportunidad de pertenecer a un estilo propiamente costasoleño.
Como ya se puntualizó en la introducción de este trabajo, los planes de desarrollo y los proyectos de construcción para ese lugar del Sur de España al que se denominó Costa del Sol, fueron muchos y variados. Alguno incluso no pasó de ser una mera ensoñación, como las obras que escribió Ramiro Campos Turmo, al que se hizo referencia en el primer apartado, el Regionalismo. Muchos de esos proyectos están íntimamente unidos al Estilo Internacional y por suerte, muchos de ellos no llegaron a realizarse, porque ese gran movimiento del siglo XX, no entiende de paisajes ni de costumbres, no dialoga con los ríos ni con las montañas y ni siquiera con el mar. El Estilo Internacional basa parte de sus pautas en la globalización, al no utilizar los elementos constructivos propios del lugar en el que se construyen sus edificios. Este estilo se desvincula de los volúmenes arquitectónicos existentes y se le permiten alturas hasta entonces desconocidas en la mayoría del planeta, a excepción de algunas ciudades norteamericanas como Nueva York o Chicago. Las líneas rectas verticales u horizontales se trazan a gran escala sobre un horizonte que se perderá para siempre. La curva se enaltece y de la dimensión de la cúpula o del arco tradicional, pasa a convertirse en un telón de fondo, enorme, a veces bello y a veces fantasmagórico. Edificios como el Copan de Oscar Niemeyer en Sao Paulo o la Opera de Sídney de Jorn Utzon, son testigos tan famosos como significativos. 



                                  Edificio Copan, Sao Paulo. Oscar Niemeyer.
 
La Costa del Sol es un campo abierto donde el Estilo Internacional puede campar a sus anchas, es su momento. Torremolinos se repliega a sus órdenes y ve crecer en sus playas todo un catálogo del estilo, desde el más puro hasta el más degenerado. Marbella ofrece unos cuantos buenos ejemplos que se analizaran posteriormente, aunque tampoco se salva del todo de la barbarie constructiva. Fuengirola y Benalmádena se llevan la peor parte, presentando solo los residuos de un movimiento arquitectónico y estético que no las definirá jamás ni a ellas ni al resto de la Costa.
La Fundación DOCOMOMO, es la institución más relevante en la preservación, catalogación y difusión del Estilo Internacional o Movimiento Moderno en el mundo. En España, esta fundación con sede en Barcelona, se denomina Docomono Ibérica, porque abarca también el patrimonio existente en Portugal. En Andalucía tiene catalogadas muchas construcciones, las pioneras pertenecen en su mayoría a infraestructuras hidráulicas e industriales. En la Costa del Sol, obviamente, las construcciones catalogadas por DOCOMOMO, están relacionadas con la industria turística y son posteriores.
Como Almería se incluyó en un principio dentro del topónimo con el que se designó a esta parte de la costa andaluza, parece necesario señalar algunas de las obras adscritas a este movimiento. De las que se realizaron en la capital antes de la llegada del turismo, hay que destacar los quioscos de entrada a los refugios excavados durante la Guerra Civil, originalísima obra de Guillermo Langle, construidos en la postguerra y la antigua Estación de Autobuses, también del mismo autor y construida en 1933. DOCOMOMO, tiene catalogadas dos obras relacionadas directamente con la industria turística, ambas situadas en Aguadulce y ambas del arquitecto Fernando Casinello. El edificio de apartamentos El Palmeral de 1968 y el Conjunto residencial Los Balandros, de 1966. Los conocimientos que este autor tenía sobre el hormigón, ese material clave para que el Movimiento Moderno pudiera existir, le permitieron proyectar interesantes estructuras en estas dos obras.7 Ni Almería capital, ni Roquetas de Mar, municipio al que pertenece Aguadulce, quedaran definidas por el Estilo Internacional de arquitectura, porque la degeneración posterior, al igual que en el resto de la Costa del Sol, eclipsaran cualquier obra aislada. Almería hoy, turísticamente hablando, es conocida por el Cabo de Gata, donde la arquitectura local compuesta por estructuras cúbicas encaladas, es la seña identificativa y gracias a las restricciones que impusieron las normativas a partir de la declaración de esta zona del litoral andaluz como Parque Natural.
Siguiendo el recorrido desde el Este al Oeste y para poder contextualizar la imagen que la ciudad de Marbella va creando de sí misma, habría que detenerse también en el proyecto del Conjunto Residencial Las Terrazas, en Punta de la Mona, en el término municipal de Almuñécar. 



                     Apartamentos Las Terrazas en Punta de la Mona, Almuñécar. 
                     Fernando Higueras y Antonio Miró. 1964.
                       


Esta obra también catalogada por DOCOMOMO, de los arquitectos Fernando Higueras y Antonio Miró, del año 1964 (Fernando Higueras después construirá Las Terrazas de las Lomas del Marbella Club), es de una expresividad y una modernidad absoluta, pero de nuevo es necesario resaltar que el estilo que se está analizando en este capítulo, no respeta el paisaje donde se recrean sus ideas. Almuñécar tampoco pasará a la posteridad como una ciudad turística con imagen propia, porque la aberración arquitectónica y la especulación también la incluyen a ella. El complejo arquitectónico de la Punta de la Mona, magnífica obra sobre el acantilado, surge aislada entre la vorágine de la arquitectura vulgar e improvisada que llegará después a la costa granadina.
El Estilo Internacional nace aborreciendo lo que le rodea. Parte de unos parámetros libres y abiertos al espacio, sin miramientos. Es cierto que existen infinidad de obras que utilizan los materiales y respetan los volúmenes existentes del lugar donde se construyen sus obras, de hecho en Marbella se proyecta un ejemplo paradigmático, como es la Ciudad Residencial de Tiempo Libre, pero casi ninguno de los grandes arquitectos que proyectan bajo el calado de esta gran corriente estética del siglo XX, se reprime ante el potencial arrebatador del estilo. En Málaga, la capital de la Costa del Sol emergente, la ciudad que ya era lugar de veraneo de la burguesía y la aristocracia, que ya poseía una infraestructura hotelera desde finales del siglo XIX, sede del aeropuerto internacional, llave indispensable para la entrada del turismo de masas a partir de finales de los años 50, el Estilo Internacional interviene sin escrúpulos. Aunque el proyecto inicial data de 1957, el Hotel Málaga Palacio no sería inaugurado hasta el año 1966. Obra del arquitecto malagueño Juan Jáuregui Briales, supone un caso singular respecto a lo visto hasta ese momento. Este hotel urbano afloró como una excepción poderosa respecto a la realidad que lo circundaba. Su situación en el meollo del centro histórico de una ciudad ya grande en la época, no dejaría de ser llamativamente opuesto a los primeros edificios turísticos, asentados entre lo rural y lo marinero8. En los arranques del turismo de masas, el enorme edificio del Hotel Málaga Palacio, se manifiesta como icono urbano y la población acepta la irrupción del fenómeno constructivo que cambiará para siempre la imagen de la ciudad. La Catedral barroca, símbolo hasta entonces de la capital junto a la Alcazaba, quedará eclipsada por la apabullante arquitectura que el turismo sediento reclama. 

                                  Hotel Málaga Palacio. Juan Jáuregui Briales.
                                  1966.

Los edificios históricos de la Málaga de los siglos XVIII y XIX, los establecimientos hoteleros de estilo regionalista y los caprichos del neomudéjar, que podrían haber sido los referentes estéticos, pierden sus puestos ante la inmisericordia del Estilo Internacional. Arquitectura casi obligada ante la demanda que impone esa nueva industria, clave en el desarrollo de la España franquista, donde todos los planes urbanísticos se quedan obsoletos antes de materializarse y en la que la Costa del Sol se impone como pionera.
En Torremolinos, siguiendo la ruta desde oriente hasta Marbella, se construye en el año 1959 el emblemático Hotel Pez Espada. Este buque insignia del nuevo turismo, es obra de los arquitectos Juan Jáuregui y Manuel Muñoz Monasterio. Ese mismo año se inaugura el Museo Guggenheim de Nueva York, de Frank Lloyd Wright, uno de los padres del Movimiento Moderno, ese mismo año se estrena la película Calabuch de Berlanga, crítica abierta a la España oscura y castiza y ese mismo año se crea el Plan de Estabilización del régimen, que sentaría las bases de la primera transformación de la economía española9. La realidad nacional se agita y en esas circunstancias se inaugura en el extremo de la barriada de pescadores, que es Torremolinos, este barco varado en medio de una extensa playa. A partir de ese momento la Costa pierde su paisaje y se marca simbólicamente el inicio del desarrollo turístico en toda la España meridional. El edificio aterrizó como un extraño entre la arena de la playa y la carretera. 

                                      Hotel Pez Espada, Torremolinos. Juan
                                      Jáuregui y Manuel Muñoz. 1959.

Sus interiores supusieron el orgullo de todos los responsables del proyecto, aturdidos ante la modernidad de unos espacios abiertos y sinuosos. Las metálicas columnas irregulares del vestíbulo y las solerías representando amebas flotando sobre el agua, suponían la nueva imagen estética de una Andalucía que empezaba a despreciar lo anticuado del barro y el enlucido de cal. Los vanguardistas murales en la recepción, del francés Pierre François, decorador también del Hotel los Monteros de Marbella, ponían la guinda a esa tarta innovadora de la arquitectura en la Costa del Sol. En Torremolinos y antes de que sucumbiera del todo a la fiebre del ladrillo, se construyeron sucesivamente al Pez Espada algunos conjuntos arquitectónicos bajo los postulados del Estilo Internacional que es necesario resaltar. Eurosol, una serie de bloques de apartamentos, situados entre la carretera y la playa, obra de Rafael de la Hoz y Gerardo Olivares, fueron construidos en 1963 ya con la mirada puesta en esa ingente masa de turistas que los habitaría. En 1964, el arquitecto Antonio Lamela, proyecta lo que supondría posiblemente el mayor alarde constructivo de la costa, el conjunto de apartamentos Playamar. Toda una operación urbanística de una envergadura notable, que incluía veintiuna torres de quince plantas cada una, orientadas al mar, que alojarían un total de 945 apartamentos. El territorio se quedó pasmado por la potencia visual de esta intervención. 



                                  Apartamentos Playamar. Antonio Lamela.
                                  1964.
 
Analizar la estética en la que se decoraron estos apartamentos es complicado, porque existen varios factores que confluyen en los gustos decorativos de la época. De una parte, el Estilo Internacional, que es el que se trata en este capítulo, presenta multitud de ofertas. Grandes arquitectos adscritos al movimiento, también fueron grandes diseñadores e interioristas. El mismo Rafael de la Hoz, posiblemente uno de los más importantes arquitectos españoles de todos los tiempos, fue un excelente interiorista, aparte de que contó con la ayuda de celebrados artistas del momento como Oteiza. Algunos de sus proyectos de interiorismo en Córdoba, su ciudad natal, la mayoría desaparecidos, supusieron todo un alarde de modernidad incomprendida en una ciudad, por entonces pequeña y provinciana. Queda en pie, intacto por dentro y por fuera, el edificio que proyectó para la Cámara de Comercio de esa ciudad andaluza, hoy visita obligada para todos aquellos que estudian o valoran el Estilo Internacional en Andalucía. Los grandes maestros y artífices del movimiento moderno, como los ya citados Mies Van der Rohe, Le Corbusier o Frank Lloyd Wrigth y otros como Alvar Aalto, Eero Saarinen o Arne Jacobsen, diseñaron piezas que hoy son aclamadas en todo el planeta y se exhiben en todos los museos de artes decorativas. 


                                                       Silla Barcelona. Mies Van der Rohe.

Pero, por supuesto, todos los espacios interiores que se crearon bajo la impronta de la corriente estética más importante del siglo XX, no fueron decorados con la misma actitud innovadora que sus exteriores, entre otras cosas porque el alto coste de este mobiliario era inaccesible para la mayoría de los mortales. Cuando el Estilo Internacional desembarca de lleno en la Costa del Sol, sigue existiendo en la mentalidad del turista la idea de un paraíso exótico y Andalucía lo es y lleva consigo una estética cargada de siglos. Elementos decorativos mucho más accesibles para el gran público, como los platos de cerámica o los espejos enmarcados en latón o esparto, que se empiezan a vender en las primeras tiendas de souvenir que florecen por toda la geografía española, son muy utilizados para rellenar las paredes de esos apartamentos. En esos mismos años, en los que la costa empieza a desplegar su alarde arquitectónico vanguardista, el estado español ya imbuido del todo en la industria, crea un tipo de establecimiento hotelero que se instala en castillos y palacios rehabilitados para tal fin: Los Paradores Nacionales. Estos establecimientos se decoran utilizando todos los elementos patrimoniales e históricos que guarda orgullosa una España hidalga e imperial. Los escudos, los arcones, las armaduras o los tapices con escenas heroicas son válidos para crear ensoñaciones en los huéspedes. El Estilo Paradores, cala entre la población y abaratado y miniaturizado se aplica en la villa veraniega, en el hotel y en los apartamentos.




                                         Interior de un chalet en Marbella.


La gran obra pública o civil de Estilo Internacional que se construye en Andalucía, obra de Rafael de la Hoz y Gerardo Olivares, es el Palacio de Congresos y Exposiciones de Torremolinos, una obra casi brutalista, como una nave espacial anclada sobre la colina, diseñada en 196710.
Marbella se distancia, en cierta medida, de lo que acontece en el resto de la Costa del Sol. El término municipal abarca una extensión de 117 kilómetros cuadrados de los que 28 pertenecen al litoral, muchos más metros cuadrados que los que poseen sus vecinas Torremolinos, Benalmádena o Fuengirola. Marbella queda más alejada de la puerta de entrada del turismo de masas que es el aeropuerto malagueño. Marbella está cobijada por el cordón litoral penibético, que forman las sierras Bermeja, Palmitera, Blanca, Real y Alpujata que la dotan de un clima y una vegetación excepcionales. Cuando en el año 1955, el gobierno de Franco redacta el estudio para la ordenación de la Costa del Sol, Marbella ya ha asentado las bases de su estética y de su concepto de industria turística. En el año 1947, el visionario Ricardo Soriano, Marqués de Ivanrey, del que se hablará en el siguiente y último apartado de este trabajo, El Estilo Andaluz, inauguró el primer hotel en la ciudad con una clara vocación turística de élite, El Rodeo. Años después, su sobrino Alfonso de Hohenlohe, inaugura en la misma línea el Hotel Marbella Club. Ambos establecimientos hoteleros son la clave para entender el desarrollo urbanístico, arquitectónico y estético que definirá a la ciudad de Marbella.
No se adelantan acontecimientos y se obvian estas construcciones y toda la historia que acarrean detrás para analizarlos posteriormente en el Estilo Andaluz.
Si el impacto visual, medioambiental y social que causan las construcciones que bajo los parámetros del Estilo Internacional se desarrollaron en Málaga y Torremolinos en los primeros años del boom turístico, en Marbella este tampoco se minimiza. Pero sucede que la ciudad tiene muchos metros para urbanizarse, kilómetros de playas y laderas pobladas de bosque mediterráneo que descienden hasta la playa y donde las moles vanguardistas del movimiento se levantan aisladas. Sucede que la aristocracia culta, elegante y chic que empieza a aparecer por la ciudad huye despavorida de todo aquello que huela a masa, a vulgaridad y el hormigón armado, el elemento, desde luego no es el material con el que quieren convivir. A pesar de eso, en Marbella, el Estilo Internacional, presenta obras valiosísimas que de no haber existido, no hubieran cambiado un ápice el acontecer de ese rincón tan afamado del planeta. Existen y están ahí, algunas de ellas rasgando el horizonte por la mitad, ensuciando con su rigidez y su aplomo la vista de La Concha o de la Ensenada. Si en el resto de la costa, la necesidad de construir miles de plazas hoteleras se impone para que se desarrolle esa nueva industria, apoyada en muchos casos por multinacionales europeas, en Marbella esa necesidad se reprime, al menos en parte. No se puede ocultar toda la muralla de cemento, aluminio y cristal que separa el antiguo casco urbano del mar, que se extiende desde el Puerto pesquero de la Bajadilla hasta el Hotel Don Pepe. Existen el edificio Mediterráneo y el Conjunto Marbella 2000, los edificios Valdecantos y el Skol, pero la ciudad no se ha vendido con esta postal, esa no era la visión que tuvieron los primeros constructores y arquitectos, los que fabricaron la llave que abrió la ciudad al mundo. Esa no es la imagen que se viene a la mente cuando alguien pronuncia el nombre de Marbella, pero eso existe y de hecho, si juntáramos todas esas construcciones aisladas del territorio marbellero y las introdujéramos dentro de la urbe, la ciudad ya no se diferenciaría tanto de sus vecinas.

                                    Paseo Marítimo de Marbella, años 70.

Siguiendo la ruta que este trabajo está siguiendo desde la Costa del Sol oriental y hasta la meta, Marbella, en la parte occidental, del rastro que ha dejado el movimiento arquitectónico y estético denominado Estilo Internacional, el primer ejemplo que se presenta es el Hotel Hilton, hoy Don Carlos. Este edificio situado en la zona de Las Chapas, es obra de José María Santos Rein, arquitecto de otros como conjuntos como el Hotel Don Miguel. Está conformado por una enorme torre de quince plantas que se levanta del suelo apoyado por una estructura en forma de V, que nos recuerda al edificio de la Unesco de Paris. Este edificio está  catalogado por DOCOMOMO, aunque la violencia con la que surgió de entre el bosque de pinos que se extendía a sus pies, lo convierte en un verdadero monstruo aún para ese estilo tan poco dialogante con el paisaje como es el Estilo Internacional. Destacar que en el camino de entrada al recinto, se colocó un conjunto escultórico en hierro de escultor francés Robert Hyquily, que junto a la instalación giratoria que a su vez se colocó en la puerta del Banco Coca, en la avenida Ricardo Soriano, conformaron en su época los dos elementos más representativos del mobiliario urbano adscrito al Estilo Internacional en Marbella. 




                                     Hotel Marbella Hilton (hoy Don Carlos) 
                                     José María Santos Rein. Escultura de
                                     Robert Hyquily.

Pero como casi nada es negro del todo, ni blanco tampoco, el estilo le deparará a la ciudad una obra original y extraña, un conjunto residencial que navega entre dos mares tan distintos como son el Estilo Andaluz y el Moderno o Internacional, se trata de La Ciudad Residencial Tiempo Libre. Forma una de las operaciones más singulares, entre otras cosas porque fue promovida por la Obra Sindical de Educación y Descanso del régimen franquista, pero sobre todo por la simplicidad constructiva con la que se realizó. El proyecto establece unas relaciones entre comunidad, familia y naturaleza próximas al mundo rural, pero para una vida ociosa y despreocupada11. Este proyecto de los arquitectos Manuel Aymerich Amadiós y Ángel Cadarso del Pueyo, diseñado en el año 1956 e inaugurado en 1963, supuso una ruptura formal con las formas de la arquitectura vernácula, adhiriéndose de plano a los parámetros del movimiento internacional, pero sin apartarse del todo de la impronta mediterránea y andaluza, ya que por ejemplo utiliza los revestimientos de cal en todas las paredes del conjunto. Las curvas sinuosas y futuristas de la torre de la iglesia, tienen más en común con las que diseña Niemeyer para sus edificios en Brasilia, que con cualquiera de las que ningún arquitecto había diseñado antes en nuestra tierra, pero la relación entre estos objetos de geometría blanda y abstracta y el paisaje que los rodea, están a su vez más unidos que nunca. Este conjunto arquitectónico está señalado como uno de los ejemplos más importantes del Estilo Internacional en España y catalogado Bien de Interés Cultural por la Junta de Andalucía. 



                                       Ciudad Residencial de Tiempo Libre, 
                                       Marbella. Manuel Aymerich y Ángel 
                                       Cadalso. 1963.
                                     


El Hotel Los Monteros, muy cerca de La Ciudad Residencial, estuvo catalogado por la Fundación DOCOMOMO Ibérica, como edificio a preservar dentro del patrimonio peninsular del Estilo Internacional. Las rehabilitaciones que ha sufrido a lo largo de su historia, que han transformado del todo su imagen primigenia lo han llevado a su descatalogación. De todas formas no se puede olvidar que es uno de los hoteles insignia de Marbella, que su beach club La Cabane sigue siendo todo un hito, no solo estético, en este tipo de infraestructuras frente al mar, que fue decorado con un lujo y elegancia sublimes por el decorador francés Pierre François y posteriormente redecorado por el maestro Jaime Parladé.
Ya inmersos en la ciudad, aunque un poco alejados del casco antiguo, se construyeron en el año 1962, los apartamentos Skol. Este conjunto que se organiza conforme a tres piezas que recogen un espacio interior de uso comunitario con jardín y piscina, fue diseñado por los arquitectos Carlos García San Miguel y Manuel Jaén Albaitero. El Skol, como todos conocen en Marbella a estos bloques de apartamentos, son parte fundamental del actual sky-line de la ciudad y su originalidad estriba en los paramentos de azulejos situados en algunas zonas de la fachada, que recrean las olas del mar. Aunque pertenece al patrimonio catalogado dentro del Estilo Internacional de la ciudad, la decoración original de sus zonas comunes, recepción y salones, tampoco, como en tantos casos, estuvo impregnada de toda la modernidad que requería la construcción. 

                        Los apartamentos Skol, Marbella. Carlos García y Manuel
                        Jaén Albaitero. 1962.
 
La imagen de la ciudad se debate a partir de la inauguración en el año 1964 del gran icono de la hostelería española del momento, el Hotel Meliá Don Pepe. Su situación original, en la proximidades del pueblo, entre la carretera y una playa prácticamente virgen, su determinación, desde que se proyectó, de convertirse en un recinto para la élite, fueron los detonantes de su relación formal con el paisaje. El arquitecto onubense Eleuterio Población, que ya había construido importantes hoteles en España, fue el elegido por la cadena Meliá para el diseño de este gran emblema de la Costa del Sol. La cercanía del mar, la horizontalidad manifiesta del terreno, exigió la integración en un solo bloque de todo el volumen edificable12. Los paralelismos con otros edificios del mismo estilo en el resto del mundo son evidentes, sirvan como ejemplo los construidos en un lugar tan efervescente y con afinidades con nuestra costa, como lo sería La Habana de finales de los cincuenta. El hotel Habana Riviera de 1957 o el edificio Focsa, en el barrio de Vedado, de 1956, son dos muestras magníficas y muy conocidas del Estilo Internacional. La curva tan sinuosa que ofrece el edificio del hotel Meliá, establece casi una relación erótica con el mar, abrazo y acoplamiento que relacionan esta arquitectura de manera inmediata con el único objetivo de servir al deseo. La arquitectura determina el ánimo de la gente13. Pero el Estilo Internacional, ya se ha comentado, en la mayoría de los casos, niega parte de su ser al paisaje. El Hotel Don Pepe forma una pantalla que le da la espalda a la Sierra y al resto de construcciones que aparecerían después, aun así de haberse construido en Marbella dos edificios más con la elegancia y la categoría arquitectónica del Don Pepe, el debate sobre la estética que define a la ciudad de Marbella estaría claudicado. Del diseño de interiores, así como de los elementos de forja, madera y metálicos se encargó el propio Eleuterio Población, que intentó no alejarse de su proyecto pero que se dejó arrastrar por las modas e incluyó mobiliario y elementos decorativos más cercanos a otros estilos. Forma parte de los cinco edificios catalogados en la ciudad por la fundación DOCOMOMO.



                           Hotel Meliá Don Pepe, Marbella. Eleuterio Población.
                           1964.

La figura y la obra del arquitecto Luis Gutiérrez Soto, tan mencionado en este trabajo sobre la estética de Marbella, es tan versátil como prolífica. Su currículum es inabarcable, pero su adhesión desde el principio a la rebelión fascista que originó la barbarie de la Guerra Civil española y la posterior y larga dictadura del general Franco, ensuciarán su nombre para siempre. Fue uno de los primeros arquitectos españoles en subirse al carro de las vanguardias, las mismas que despreció después de la contienda y las mismas que retomó en su madurez. Pero es imposible hablar del Estilo Internacional en España y en Marbella, sin citar a Gutiérrez Soto. Dicen que visitó Marbella por primera vez en 1935, invitado por el empresario vasco Norberto Goizueta, propietario de la Hacienda Guadalmina y artífice de esa zona tan exclusiva de la Costa del Sol. Dicen que se enamoró al instante del lugar y de hecho allí construyó años después su casa. Analizar los treinta y nueve proyectos que realizó en nuestra ciudad, se le escapa a este trabajo, entre otras cosas porque su obra en la ciudad es tan desconocida que jamás serviría para definir la estética probable de Marbella. Todos los proyectos que realizó en el término municipal, están aislados y escondidos, por lo tanto ninguno de ellos forma parte de la imagen que se difundió. De todas formas, mencionar al menos uno de ellos, el bloque de apartamentos El Lúgano, situado en Guadalmina y diseñado en 1973. En él, casi todos los elementos de la fachada son curvos, todo el enlucido es blanco para no olvidar la seña mediterránea y todas las terrazas están decoradas con jardineras. Este edificio evoca a un barco que navega por el mar de césped del campo del golf donde se asienta. Luis Gutiérrez Soto, no forma parte de la lista de arquitectos que diseñaron el mobiliario y el interior de sus construcciones, porque o no tuvo ese talento o no le quedó tiempo. Jaime Parladé, el gran decorador de la escena marbellí, hizo ese trabajo en alguna de sus villas. 



                           Apartamentos El Lúgano. Luis Gutiérrez Soto. 1973.

En la avenida principal, frente a la Alameda, se edificó en el año 1961, el Hotel San Cristóbal, que supuso la primera pantalla arquitectónica que se coloca delante del casco histórico, separándolo ya visualmente del resto de la ciudad. Este edificio se acerca a las formas del Estilo Internacional, pero su modernidad, al menos para el pueblo, radicó años después porque en él se instaló la primera escalera eléctrica de Marbella. El vergonzosamente desaparecido edificio de la Estación de Autobuses, que estaba situado en la avenida Ricardo Soriano, cumplía ampliamente con todos los postulados del estilo de este apartado. Un volumen aislado, formado por una elegante curvatura de la que sobresalía una airosa marquesina, que cobijaba un andén pavimentado por una solería en listas blancas y negras radiales y que ya solo existe en las fotografías.
La insolente figura de Torre Real,  con sus veinte plantas, la vulgaridad arquitectónica de la clínica Incosol, la mole hoy deshabitada del hotel Don Miguel o el bloque en escalera de los apartamentos Coronado en la urbanización Marbesa, elementos aislados y degenerados del Estilo Internacional, no han sido lo suficientemente relevantes como para que Marbella se doblegara a su presencia.
La cartelería y la publicidad que se desplegó a lo largo de la costa ofreciendo hoteles y apartamentos, bares y discotecas, tienen mucho que contarnos sobre la estética de una época. Los logotipos que identificaron a los hoteles, dependiendo del estilo que cada uno ofrecía, se situaron muchas veces en tamaño gigante, a la entrada de los mismos. El gran sol enmarañado y casi extraterrestre que identificaba al Don Pepe, la sirena yeyé que se cubre del sol con un sombrilla que publicita a los apartamentos Skol o las letras tan psicodélicas de la discoteca Pata-Pata, son parte de esa iconografía moderna con la que Marbella se quiso identificar. En Torremolinos la parafernalia de neones que inundó sus calles y avenidas tuvieron un gran calado en la imagen de la ciudad entre los años sesenta y setenta, pero en Marbella al estar los establecimientos dispersos a lo largo de su enorme término municipal, esa aglomeración lumínica no existió y por tanto tampoco consiguió ser su definición. Aun así, en el recuerdo de muchos quedarán los parpadeantes labios rojos que anunciaban la discoteca Kiss, en la ciudad todo un símbolo del pop, una de las muchas ramificaciones estéticas que surgieron al amparo del Estilo Internacional.





1 Juan Gavilanes Vélaz de Medrano. “Viaje a la Costa del Sol (1959-1969)”. Tesis doctoral. 2012.
2 Víctor Pérez Escolano. “Arquitectura y Movimiento Moderno en Andalucía”. Revista PH nº 15. Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico. 1996.
3 Juan Gavilanes Vélaz de Medrano. “El viaje a la Costa del Sol (1959-1969)”. Tesis doctoral.
4 José Miguel Morales Folguera. La Arquitectura del Ocio en la Costa del Sol. Universidad de Málaga. 1979.
5 R. Reinoso Bellido. “Topografías del paraíso: La construcción de la ciudad de Málaga entre 1897 y 1959”. Colegio Oficial de Arquitectos y Aparejadores de Málaga. Pág. 166. 2005.
6 Patricia Bueno. Sillas, Sillas, Sillas. Atrium Group. Barcelona. 2003.
7 M. Centellas Soler, A. Ruiz García, P. García-Pellicer López. Cien Años de Arquitectura en Andalucía. El Registro Andaluz de Arquitectura Contemporánea 1900-2000. Capítulo 14 “Arquitectura almeriense del siglo XX”. Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico. 2012.
8 Juan Gavilanes Vélaz de Medrano. “El viaje a la Costa del Sol (1959-1969)”. Tesis doctoral. 2012.
9 Juan Gavilanes Vélaz de Medrano. “El viaje a la Costa del Sol (1959-1969)”. Tesis doctoral. 2012.
10 José Miguel Morales Folguera. La Arquitectura del Ocio en la Costa del Sol. Universidad de Málaga. 1979.
11 Juan Gavilanes Vélaz de Medrano. “El viaje a la Costa del Sol (1959-1969). Tesis doctoral. 2012.
12 Juan Bonilla. La Costa del Sol en la era pop. Fundación José Manuel Lara. 2007.
13 Antonio Muñoz Molina. La noche de los tiempos. Novela. Seix Barral. 2009.

martes, 18 de agosto de 2015

MARBELLA EN BUSCA DE UN ESTILO





II EL ESTILO ÁRABE
Todo un referente histórico para una segunda propuesta de estilo.





                                                           La Mezquita de Córdoba



Para llegar a comprender el estilo arquitectónico y artístico denominado regionalismo, ha sido necesario rastrear en los movimientos y en los lenguajes anteriores al mismo e indagar un poco en el ideario político del momento. Para entender este estilo, el árabe, al que en este trabajo se le ha denominado de una forma tan genérica para poder incluir en él toda una amalgama de sub-estilos,  tendencias , orientaciones y épocas, hay que empezar obligatoriamente por mirar hacia el rico y emblemático patrimonio artístico de la época islámica en Andalucía. Patrimonio arquitectónico, que por su importancia histórica y artística, está catalogado como patrimonio de la humanidad. Por lo tanto una de las postales  que la Costa del Sol, podría haber utilizado desde sus comienzos como imagen corporativa para venderse como destino turístico internacional, sería la de un paisaje con construcciones árabes de fondo. De todas formas, es necesario añadir que para la gran mayoría de historiadores, el  patrimonio que se construye en Al-Andalus, se denomina en su conjunto, independientemente de los grandes estilos que alberga como el almohade o el nazarí, como hispanomusulmán. Los viajeros románticos, aquellos aventureros que se atrevieron en el siglo XIX a acercarse a Andalucía y que fueron los que potenciaron la imagen estética y social que el resto del planeta tiene de nuestra tierra, ya venían atraídos por la magnificencia de esos edificios que los árabes habían construido en el Sur de España. Fueron ellos los que describieron, tanto gráfica como literariamente, el exotismo y la recreación de paraíso  que encierran esas construcciones. Esos aventureros que, como primer esqueje del turismo, divulgan  esa visión exótica y atractiva de Andalucía.  “Los Cuentos de la Alhambra”, de Washington Irving,  se puede considerar una de las obras claves para la difusión de nuestra tierra, como lugar idóneo donde experimentar las sensaciones que provoca el ocio asumido al placer y a la aventura. 





No se puede analizar un estilo árabe contemporáneo en Andalucía, que algunos historiadores denominan “neoarabe contemporáneo”1   sin pensar en la Alhambra de Granada, la Mezquita de Córdoba, la Giralda o los Reales Alcázares de Sevilla.  Monumentos tan singulares y espectaculares que son capaces por si mismos de echar por tierra cualquier corriente arquitectónica  que los simule. La Mezquita de Córdoba, construida en el siglo IX, de estilo califal u omeya, dependiendo de los autores, ha sido referente de multitud de edificios posteriores. La Giralda de Sevilla, del siglo XII de estilo almohade en su parte inferior (El cuerpo de campanas es renacentista), ha sido copiada en lugares tan alejados de Andalucía como Estados Unidos o Polonia. Los Reales Alcázares, también en Sevilla, son visitados a diario por multitud de turistas y la Alhambra de Granada, construida en el siglo XIV, en su mayor parte de estilo nazarí y con la escenografía que la enmarca, no necesita de más presentaciones. 

 


                                                         Los Reales Alcázares de Sevilla

A estos edificios, maravillas del mundo, hay que sumarle y ya dirigiendo el tema hacia la estética de la Costa del Sol y Marbella, las Alcazabas de Almería y Málaga. No se puede olvidar que la Costa del Sol se cataloga en un principio como topónimo de un territorio que abarca desde Cabo de Gata hasta Tarifa. La Alcazaba de Almería, del siglo X y una de las construcciones árabes más importantes de la península ibérica, es una impresionante mole que destaca por encima del resto de la ciudad. Es posible divisarla a 55 kilómetros desde el interior del Mediterráneo. La Alcazaba de Málaga, construida como fortaleza militar en sus orígenes en el siglo XI, es un elemento identificador de esta ciudad, capital oficial de la Costa del Sol.
No anda pues, el estilo árabe carente de referentes a la hora de instalarse como imagen estética posible para un destino turístico.


                                                        

                                                            La Alcazaba de Almería.
 

En Marbella,  el conjunto arquitectónico que se conoce popularmente como “el Castillo“, fue levantado en la etapa califal, posiblemente en el siglo X y ampliado en el siglo XIV, cuando la ciudad pertenecía ya al reino nazarí de Granada 2. Es, junto a la Plaza de los Naranjos, la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de la Encarnación y la Villa Romana de Río Verde, nuestro patrimonio más valioso. La vista desde el mar que ofrecían las murallas del Castillo, con la magnífica torre del Cubo, aún sin restaurar, tuvo que resultar muy interesante y de haber existido una postal que identificara a la ciudad en ese momento, hubiera sido esa. 

                                                              El Castillo de Marbella

A esta alcazaba con sus almenas originales, porque las actuales se añadieron en 1951, que se recortaba en el horizonte marbellero, habría que sumarle las torres almenaras que se distribuían a lo largo de la ensenada. La mayoría de ellas fueron construidas tras la reconquista y  aún quedan algunas en pie. La que capitanea el escudo de la ciudad, la llamada Torre de la Mar y que se supone que estuvo situada en donde hoy se levanta el edificio Mediterráneo, no existe 3, pero de seguir erguida bien que podría haberse utilizado como inspiración  para las construcciones que aparecerían siglos después en el Paseo Marítimo actual.
El siguiente referente estético que se ha incluido en este capítulo, para poder basar algunas de las conjeturas que se están tratando, sería el denominado neomudéjar. Aunque ya en el primer capítulo sobre la estética posible de la ciudad de Marbella, donde se analiza el estilo regionalista  y se afirma que no es, por muchos motivos, al que se adscribe, hay que puntualizar que para  la mayoría de los autores el neomudéjar, pertenece a ese movimiento. De todas formas es interesante puntualizar que en el regionalismo existe una influencia evidente del barroco y en el neomudéjar esa influencia no existe .
El neomudéjar es  un estilo artístico y arquitectónico que se desarrolló en la Península Ibérica a finales del siglo XIX y principios del XX. Se enmarca dentro de las corrientes orientalistas de la arquitectura historicista imperante en Europa por aquella época 4. En España, este estilo se reivindica en su momento casi como estilo Nacional, quizá porque su estética está basada en un estilo propiamente hispano. Sin embargo es importante aclarar, que lo que la historiografía ha considerado tradicionalmente como neomudéjar, es realmente estilo árabe o hispanomusulman, puesto que los elementos que se recrean son califales, almohades y nazaríes, siendo el único aspecto mudéjar el uso del ladrillo visto 5.
En España las muestras del estilo neomudéjar son amplísimas y valgan como ejemplo las plazas de toros de Madrid y Barcelona o las estaciones de ferrocarril  que proliferan por toda la península. En Andalucía, Sevilla se lleva la mejor parte y presenta edificios tan  espectaculares como la estación de Plaza de Armas o el edificio “La Adriática”, hoy posiblemente tan fotografiado por los turistas como la Giralda. 


                                          Edificio "de la Adriática". Sevilla. José Espiau Muñoz.

Este estilo está muy vinculado a la arquitectura del ocio, que es sinónimo de turismo. En este orientalista y exagerado estilo se construyeron en España, aparte de las plazas de toros y muchas estaciones de ferrocarril, teatros, hoteles, balnearios y casinos.
En Andalucía, aparte de algunos edificios de la ya mencionada Exposición Iberoamericana como el denominado Pabellón Mudéjar, hoy Museo de Artes y Costumbres Populares o el Teatro Falla de Cádiz, se edificaron también villas y hoteles. El más espectacular ejemplo nos lo ofrece el Hotel Alhambra Palace de Granada, inaugurado también por Alfonso XIII en 1910. Los planos y la estructura en hierro fueron diseñados por el arquitecto inglés Lowet, pero el edificio lo realizó el arquitecto vasco Modesto Cendoya. Este arquitecto, que no tenía ni idea de arte islámico, fue además también restaurador de la Alhambra, pero esa es otra historia. Este establecimiento hotelero que cambió la imagen de Granada, al estar situado en un lugar tan emblemático, está compuesto por varias estructuras arquitectónicas acopladas, entre las que destaca la del ala oeste que nos recuerda  sin reservas a la Torre del Oro de Sevilla.



                                      Hotel Alhambra Palace de Granada. Modesto Cendoya.

 El hotel, que en su inauguración se presentó como de gran lujo, decoró sus interiores con elementos arquitectónicos propios de la estética hispanomusulmana, abusando de yeserías y azulejos, pero sin embargo parte del mobiliario estuvo compuesto por piezas de diferentes estilos y épocas. El rococó, el gran estilo decorativo del siglo XVIII , el Luis XIV y el XV se aposentaron y hasta la actualidad, como la representación del lujo y la opulencia. De hecho, en los palacios marbellíes que se construyen a partir de los años ochenta, el gusto por estos estilos es el que impera, por supuesto ya mezclados y desvirtuados, pasando a formar parte de lo que vulgarmente  se denomina hortera. El Alhambra Palace utilizó muebles de estos estilos dieciochescos, fusionándolos con mobiliario castellano y algunos objetos de impronta árabe. 



                             Interiores del Hotel Alhambra Palace en el momento de su inauguración.
 


En Málaga, el neomudéjar también deja una huella importante. La plaza de toros de la Malagueta es una de ellas, pero posiblemente la obra que mejor define esta corriente idealizada de la ensoñación exótica de nuestro pasado, es el Mercado de Salamanca, en el barrio del Molinillo. Este edificio es obra del arquitecto malagueño Daniel Rubio, al que también se le encargó el Plan de Ensanche de la capital costasoleña. 




                                                Mercado del Molinillo. Malaga. Daniel Rubio.

Mientras, el industrial malagueño Enrique Navajas Ruiz,  encarga el diseño de su villa en Torremolinos. En el caso de esta vivienda burguesa, su aspecto de capricho arquitectónico  se sirvió de nuestro pasado musulmán, para crear toda una escenografía exgerada. Un lugar que provocaba fantasías y alardes de riqueza 6. Hoy este edificio está declarado Bien Histórico por la Junta de Andalucía, es propiedad del ayuntamiento de Torremolinos y tras una larga restauración es la sede de un centro cultural.

                                                         Villa Navajas. Torremolinos.
 


En Benalmádena junto al mar, se construye en 1927 y con diseño del arquitecto Enrique Atienza, el conocido Castillo de Bil-Bil. Conocido porque se encuentra en la N-340 y su imagen que evoca a los palacios de Marrakech, sobre todo por el color almagra en el que está pintado, contrasta enormemente con ese entorno repleto de moles de apartamentos. El matrimonio formado por León y Fernanda Hermann, primeros propietarios de Bil-Bil, también basaron su “casa” vacacional en la estética del glorioso Al-Andalus. 


                                         Castillo de Bil-Bil. Benalmádena-costa. Enrique Atienza.
 

En Marbella, al igual que ocurre con el regionalismo, este estilo tampoco puede presentar ninguna obra, al menos en la etapa en la que es la tendencia imperante, porque como ya se ha escrito, la ciudad no empieza turisticamente hablando hasta unas décadas después. Aún así, en este apartado que se le ha denominado Árabe, se construyen sobre todo en los años ochenta al calor de los jeques del petróleo, etapa que se escapa a este trabajo, muchos caprichos  que se recrean en la ensoñación del neomudéjar.
El primer aterrizaje de un avión comercial en Málaga, tuvo lugar en marzo de 1919. Por entonces no solo no existían pistas sino que además el piloto por cuestiones de seguridad tuvo que aterrizar en otro lugar cercano al que estaba previsto. Una compañía francesa, la Lignes Aériennes Latécoère, organizaba ese primer vuelo entre Europa y África, porque ese primer avión que pisa la Costa del Sol, solo lo hace como escala, su destino eran las ciudades del Protectorado Francés. A partir de ese momento, las autoridades y la burguesía malagueña, vieron en la aviación una nueva posibilidad de comercio e interrelación, ya que la ciudad estaba sumida en un declive motivado por la filoxera y la declinación de la industria local hacia zonas como Cataluña o el País Vasco.  Aquella pista improvisada, que se le llamó El Rompedizo, fue primero dotada de un hangar para los aviones y después  el Ejército del Aire situó en 1937 la Base Aérea de Málaga. A esta infraestructura se le añadió un pequeño edificio con torre de vigilancia que se le encargó a Luis Gutiérrez Soto, se recuerda que es el mismo arquitecto que después, en 1947 proyectó la terminal en estilo regionalista. Esta torre, algo sobria, poseyó unas reminiscencias norteafricanas y coloniales evidentes, que acercaban a aquellos primeros turistas que iban camino de África a un mundo exótico, donde el estilo arquitectónico que iban a encontrarse era obviamente el árabe. 


                          Torre de control del aeropuerto malagueño del Rompedizo. Luis Gutiérrez Soto.
 

Ese lugar exótico estaba a la vuelta de la esquina, en la escala siguiente de esos primeros vuelos entre Europa y África. Francia y España, que se habían repartido de desigual manera, el territorio que hoy compone el Marruecos actual, construyeron muchos edificios que coinciden en el tiempo con el esplendor de este estilo que se analiza en este capítulo. Las ciudades como Tánger o Tetuán, capital esta última del protectorado español, se vieron inmersas en un crecimiento apresurado y hubo que proyectar todo un entramado urbanístico que no existía. Todos los estilos arquitectónicos del momento tuvieron vía libre para apuntarse a esa infraestructura que se estaba creando, pero el estilo colonial con reminiscencias árabes es el más utilizado. Cuando Marruecos se independiza en el año 1956, una ingente cantidad de “descolonizados” empieza a desembarcar en la península. La mayoría de ellos se asienta a lo largo de la década de los 60 en el litoral Mediterráneo y más concretamente en la Costa del Sol. Traen consigo una actitud mucho más cosmopolita que la que tiene  la sociedad española del momento y la imagen estética de un paraíso perdido.  Una estética arquitectónica que ya se ha descrito y que posee mucha fuerza para ser la que se utilice en la emergente Costa del Sol. Es cierto, que la mayoría de compatriotas que regresan del Marruecos español, no tiene la capacidad económica y la influencia social suficiente para colaborar en la nueva infraestructura que se está construyendo en la Costa, pero sí aportan su grano de arena. Sus nuevas casas están impregnadas de elementos decorativos de ese Marruecos nostálgico y en la Costa del Sol, las alfombras bereberes tejidas a mano, los cojines de tintes étnicos y algunos enseres domésticos, están presentes en muchos espacios, mientras que en el resto del país,  la austeridad que en todos los sentidos  provoca y exige una dictadura, es la pauta. El decorador Jaime Parladé, criado en Tánger y del que se hablará posteriormente, basó gran parte de su proyecto estético en estos elementos provenientes del Magreb. 
El estilo árabe sigue sin perder puntuaciones en esta apuesta por la búsqueda de un estilo para la ciudad de Marbella. Casi todo lo que engloba la cultura islámica, está íntimamente unida a la idea de paraíso y el discurso del Corán se dirige siempre en esa dirección. El jardín y el patio son las expresiones constructivas de ese concepto. La Alhambra es piedra y es agua y es vegetación. Todos los movimientos estilísticos que se desarrollan dentro del gran prisma que abarca el estilo árabe, cuentan obligatoriamente con un exterior íntimamente ligado al interior.  Galerías porticadas con arcos (en España, almohades, califales, nazaríes…), por patios que se internan en los espacios donde sus habitantes comen o duermen y que en la Marbella que se presenta, en gran parte motivados por el clima, adquieren una importancia arquitectónica relevante.
A principios de los años 70 se construyeron, con diseño del arquitecto Carlos de Ochoa, las urbanizaciones del Ancón y al lado, la del Oasis. Aunque ya se habían realizado otras construcciones en este lenguaje islamizado en la Costa, como la del arquitecto Manuel Camisuli en Estepona, donde se destacan claramente los  volúmenes de la cúpula localizada en el centro y de la torre alminar que mira hacia La Meca, estas urbanizaciones poseen una presencia mucho más significativa que una sola casa unifamiliar. El Oasis presenta una fachada hacia el mar, con un jardín delantero al que se asoman las terrazas, en ese diálogo entre el interior y el exterior tan propio de la cultura de la que nace este estilo.




                                            Urbanización El Oasis. Marbella. Carlos de Ochoa.

 En el centro de este complejo turístico, también frente al mar, se situó en un principio el club social, que se alejó decorativamente hablando del estilo árabe contemporáneo del resto del  conjunto y se acercó a la ya analizada corriente neomudéjar. Años después, en este lugar se instaló el restaurante Toni Dalli´s, que terminó por confundir del todo al edificio y lo colocó en el “kitsch” más absoluto. Es importante señalar que aunque en décadas posteriores se recrean  en la Costa del Sol y sobre todo en Marbella, muchos edificios al amparo de los múltiples estilos árabes, desde el arábigo hasta el turco, los pioneros se centran en el ámbito Mediterráneo. Estas construcciones tienen a su vez  mucho en común con  las vernáculas de Grecia o de Ibiza, entre otras cosas porque comparten materiales como el enlucido de cal, la teja e incluso la cúpula de media naranja.
Muy cerca de estas dos urbanizaciones que se han comentado, se levanta en el año 1973 y de la mano de los arquitectos José Posadillo Sánchez de P. y Juan Mora Urbano, el edificio Port-Oasis, una construcción en forma de zigurat, que aunque teóricamente pertenece al estilo organicista (dentro del siguiente capitulo: Estilo Internacional), se ha incluido en este porque su imagen transporta al espectador-turista-visitante, de nuevo a ese mundo exótico de pirámides y jardines con palmeras. En este edificio, se pone además de manifiesto el valor de la terraza y su utilidad en este rincón de la península, de hecho la misma fachada pierde su función diferenciadora entre espacios internos y externos 7. 



                                    Edificio Port-Oasis. Marbella. José Posadillo y Juan Mora.

Estos espacios internos, por supuesto no están sujetos a la tradición de hábitat propiamente islámica, primero porque se construyen siglos después del esplendor del estilo hispanomusulmán en Andalucía y la tecnología y la vida domestica es otra completamente y segundo porque los usos de estas viviendas están orientadas para un visitante exclusivamente estival.
Destacar en este estilo, una obra aislada: La torre de clara influencia árabe del Hotel Puente Romano. Este hotel que será analizado en el último capitulo de este trabajo, el neopopular o andaluz, es una obra emblemática del arquitecto y teórico de origen boliviano, Melvin Villarroel. En medio del conjunto arquitectónico, evidentemente andaluz, donde se incluye un puente supuestamente romano,  se presenta este alminar. De hecho es la  torre la que se utiliza como logotipo del hotel y se acepta, al menos el turista, como parte de la estética general del resto de la construcción y en ese idilio que mantienen estos dos estilos de vez en cuando.
Los interiores de los edificios que se han tomado como ejemplo, tampoco se decoran exclusivamente con elementos arabizantes. En los años en los que se construyeron, las tendencias en decoración estaban muy influidas por los estilos sujetos al Movimiento Moderno o Estilo Internacional, como el pop o el psicodélico. Un mobiliario funcional u organicista, construido en muchos casos con materiales sintéticos, donde predomina la curva, se excluyen los localismos y al que solo se le permiten algunos matices, como el siempre presente farol que tantas denominaciones posee, pero que la mayoría conoce como “granadino”. Estos faroles que con diversas formas y cromatismos en sus cristales, también fueron utilizados en el regionalismo, en el neomudéjar y en la actualidad se venden en infinidad de establecimientos, aunque en Andalucía queden cada vez menos fabricantes.
La casa que la duquesa de Alba se construye en la urbanización Casablanca, en 1963, se presenta al gran público en la revista Hola, con ese personaje ataviado de gorro y bañador propios de la época. Inicialmente esta casa, solo consta de una planta y está estructurada dentro de los parámetros de la corriente arquitectónica imperante en el resto del mundo, el Estilo Internacional. Posteriormente se va mutando en una casa al más puro estilo árabe y de hecho hoy día podría decirse que es una construcción que se ha trasladado a Marbella, directamente desde la medina de Asilah, en Marruecos.



                                         Exteriores de la casa de la Duquesa de Alba. Marbella.

 La fotografía que se conserva de los años 70 de Cayetana de Alba en su casa marbellí 8, de todas formas, confirma que la decoración del momento no incluye todos los componentes árabes que se vislumbran en el exterior. 

                                                   Interior de la casa de la Duquesa de Alba.


Otro edificio que se transforma  con los años y también acaba ofreciendo una imagen de evidentes connotaciones árabes, es el Club Náutico. El Club Marítimo de Marbella se fundó en 1956  y el edificio original se construye con una fuerte vocación marítima, de formas simples, grandes ventanales y rodeado de terrazas. En el año 1980 se reforma totalmente el Puerto Deportivo, al que se dota de nuevos embarcaderos y de un conjunto arquitectónico a ras del paseo marítimo, con locales comerciales y aparcamientos. El arquitecto Alberto Díaz Fraga es el responsable del diseño del mismo y también del nuevo aspecto, influido por la tendencia ochentera marbellí, del edificio del Club Náutico. El interior de este edificio, sigue conservando de todas formas, su vinculación marinera y los adornos relacionados con la náutica, como lo nudos marineros o las anclas, decoran sus espacios.  


                                        Edificio del Club Nautico de Marbella. Alberto Díaz Fraga.

En los años ochenta del pasado siglo, como ya se ha comentado, en Marbella se construyen palacios, mezquitas y urbanizaciones al más puro estilo árabe. Algunas de esas construcciones, como el conjunto Las Lomas del Marbella Club, del arquitecto australiano Donald Wallace Graytonkin, consiguen una armonía y belleza extraordinarias, pero la mayor parte de lo se crea se encamina en otra dirección. Edificios muy aparentes, que  decoran sus espacios interiores con todos los componentes que engloban el lujo faraónico y el derroche. Los dorados del falso rococó y el brillo de las lámparas de araña, se mezclan con los arcos de herradura y los adamascados. Entre el mal gusto y la opulencia existe una línea muy fina y Marbella, por razones obvias, siempre estará al borde de traspasarla, pero esa etapa de la historia estética de la ciudad, no alcanza a este trabajo. Edificios como los palacios de la familia real saudí, el Aresbank o complejos como La Alcazaba o  Alhambra del Mar, son analizados  magistralmente por Francisco Javier Moreno en su  Memoria de Licenciatura “Arquitectura neoárabe contemporánea en la Costa del Sol Occidental” 9. 




NOTAS

1- Francisco Javier Moreno Fernández. "Mezquitas Contemporáneas en la Costa del Sol: reflejos estilísticos de una década de presencia musulmana". Cilniana. nº 14. pg. 26-38. 2001.
2- Fernando Alcalá Marín. La Marbella Musulmana. Ayuntamiento de Marbella. 1983.
3- Fernando Alcalá Marín. La Marbella Musulmana. Ayuntamiento de Marbella. 1983.
4- Martín M. Checa Artasu."Refuncionalizaciones polémicas, plazas de toros y arquitectura neomudéjar: algunos ejemplos en España". Revista Bibliógrafica de Geografía y Ciencias Sociales. Vol. XIV. Nº 389. Universidad de Barcelona. 2009.
5- José Manuel Rodríguez Domingo."Neomudéjar versus neomusulmán: definición y concepción del medievalismo en España". Espacio Tiempo y Forma. Serie VII, Hª del Arte. Pags. 265-285. 1999.
6- Juan Gavilanes Vélaz de Medrano. "El viaje a la Costa del Sol (1959-1969)". Tesis doctoral. 2012
7- José Manuel Morales Folguera. La Arquitectura del Ocio en la Costa del Sol. Universidad de Málaga. 1979.
8- Juan Bonilla. La Costa del Sol en la era pop. Fundaciónr José Manuel Lara. 2007.
9- Francisco Javier Moreno Fernández. "Arquitectura neoárabe contemporánea en la Costa del Sol Occidental". Memoria de Licenciatura. 1995. Universidad de Málaga.

miércoles, 15 de julio de 2015

MARBELLA EN BUSCA DE UN ESTILO





I.  EL REGIONALISMO.
Un referente posible para la estética de la Costa del Sol.






                                          Plaza de España. Pabellón de España en la Exposición
                                          Iberoameriamericana de Sevilla. Aníbal González.

Para entender este movimiento arquitectónico, que coincide más o menos con lo que en pintura se denomina costumbrismo, hay que mirar y como siempre que se analiza una corriente o movimiento, ya sea artístico o de pensamiento, a lo que ha sucedido anteriormente.
El regionalismo, primero gira en torno a la perpetuación de los historicismos decimonónicos. Esos historicismos que basan sus pautas estéticas en los grandes estilos antiguos de la historia del arte y que en el siglo XIX, aupados por la percepción romántica del momento, ofrecen obras muy variopintas tanto en Europa como en América. El neoclasicismo, primer y más importante historicismo impera en la primera mitad del siglo. En la segunda parte, el eclecticismo, que es el estilo que usa varios lenguajes estéticos anteriores en una misma obra, se configura paralelamente al historicismo, pero son  diferentes.  En pintura, el impresionismo  se desmarca y empieza a ofrecer al gran público un arte donde la figuración empieza a desvanecerse, un arte que le abre camino a esos movimientos de vanguardia que traerá ya bajo el brazo el siglo XX. Periodo complicado de la historia de la arquitectura, porque en ese eclecticismo, existen una superabundancia de tendencias que se entremezclan y que acaban en cada país  resucitando tradiciones estéticas, dando lugar a  los regionalismos. El concepto romántico sobre la identidad  de los pueblos, basado en las diferencias culturales que los distinguen, necesita de una imagen, un ideal estético en el que apoyar esas ideas que se quieren potenciar. De hecho si leemos esta descripción que se hace en  Documentos para la historia del regionalismo en España,  se advierten algunas cuestiones muy obvias: “Regionalismo en política, es la ideología y el movimiento político que aún aceptando la existencia de una comunidad política superior, como la nación, pretende la defensa específica de una de sus partes. Una región que se distingue por su homogeneidad en lo físico, lo humano y lo cultural. Algunos autores lo identifican con el autonomismo en oposición al centralismo”1. De la lectura de esta descripción , se obtiene toda  una declaración de principios a la que se adhieren los idealistas de esas teorías y que  en ese estilo posible, arquitectónicamente hablando, al que se le permite todo tipo de adornos localistas, se aferran.
En Andalucía, el estilo regionalista presenta multitud de obras y sobre todo en la que hoy es la capital de la Comunidad Autónoma, Sevilla. De hecho esta ciudad es imposible identificarla en la actualidad, sin obviar la impronta presente  en casi cada esquina y no solo del casco histórico, del estilo regionalista.
En Alemania y en Inglaterra este movimiento arquitectónico también presenta una buena dosis de obras, potencias europeas, donde existen  regiones claramente identificativas, que son además las precursoras de los independentismos con su correspondiente estética  regionalista.
En el resto de España, el estilo adquiere según la presión política de esas ideas, diferentes vertientes.  En Cataluña se va desmarcando hacía el modernismo y se desvincula, aunque el neomudéjar (estilo que se ha integrado en el capítulo siguiente, pero que para la mayoría de los autores forma parte del regionalismo) deja sobradas muestras.  En Valencia se construyen obras significativas como la estación de trenes del Norte, con esos ramos de naranjos como elemento decorativo tan autóctono y en Madrid la mayoría de las obras (dejando a un lado como en Barcelona las adscritas al neomudéjar) miran abiertamente hacia el Sur. El mismo Aníbal González construye la sede del diario ABC en el Paseo de la Castellana.

                                          Edificio del diario ABC en Madrid. Aníbal González.

En Andalucía el llamado por algunos “regionalismo historicista” ,  es un movimiento arquitectónico que se dio en este territorio a finales del siglo XIX y principios del XX y hasta el inicio de la Guerra Civil. Un estilo sujeto a un ideario, avalado por una parte de los intelectuales que apoyan una eterna dividida Europa.
El mismo denominado padre de la patria andaluza, el notario natural de la localidad malagueña de Casares, Blas Infante, se construye una casa en la que expresa hasta la extenuación ese sentimiento tan teatralmente telúrico, esa preocupación por la recuperación de un pasado artístico, especialmente el mudéjar y el barroco, considerados ambos como gloriosos. Esta casa, situada en la localidad sevillana de Coria del Río, que hoy forma parte del Museo de la Autonomía Andaluza, es posiblemente el peor ejemplo que se pueda utilizar para ensalzar este estilo, porque como vivienda privada resulta anacrónica, incómoda y fea,  pero si es interesante para afianzar el argumento de lo estrechamente unido que caminan ideología y estilo.
La Exposición Iberoamericana celebrada en Sevilla en 1929, en la que la dictadura de Primo de Rivera, intenta exhibir una España auténtica, pero a su vez moderna y vital, sirve también como escaparate arquitectónico internacional. Al tratarse de una exposición iberoamericana, el estilo colonial español, que los norteamericanos llaman “misiones españolas, es el que todos los países participantes usan para venderse. España y Sevilla, los anfitriones, derrochan arquitectura regionalista. La  deslumbrante y escenográfica Plaza de España, Pabellón  de España en la exposición, es el paradigma de esta corriente y es hoy uno de los monumentos más visitados del país. Unos años antes, ya se dan muestras de este estilo en la región. En Málaga, el arquitecto  Fernando Guerrero Strachan y encaminándonos ya al objetivo de este estudio, que es la estética de la ciudad de Marbella, había firmado algunos proyectos. En 1922, el Rey Alfonso XIII coloca la primera piedra del hotel Príncipe de Asturias, magnífico edificio frente al mar, de clarísima impronta regionalista. 


                                       Hotel Prícipe de Asturias, después Miramar, en Málaga.
                                       Fernando Guerrero Strachan.

En 1926, se abre al público el hotel Caleta Palace, también en el estilo que se analiza y antes, en 1919 se construyen para los bañistas de la burguesía malagueña “Los baños del Carmen” 2, hoy desgraciadamente en ruinas. Ambas obras también del mismo autor y claves para comprender el exagerado, localista y algo fantasioso regionalismo andaluz. 


                                          Hotel Caleta Palace en Málaga. Fernando Guerrero
                                          Strachan.

En Sevilla, de la mano del prolífico Aníbal González, autor de la comentada Plaza de España y del edificio  ABC en Madrid, se construyen muchos edificios. Construcciones que tienen en común el ladrillo visto, la azulejería de Triana, la teja vidriada y toda la parafernalia que decora una época en la que Andalucía fue un referente importante del pensamiento y el arte del mundo conocido.
Aún así, a la corriente regionalista andaluza, se le cuelan y para terminar de definirla, las influencias del barroco.  En esta tierra, ese gran estilo, que tantas maravillas arquitectónicas, pictóricas y escultóricas ha ofrecido a la humanidad, llega un poco tarde, pero llega y cala. El siglo XVIII es en Andalucía un pilar, según Caro Baroja en su “Etnología andaluza” 3, donde se asienta la estética y parte de la personalidad que nos define. Es en este siglo donde se cuaja el flamenco y donde las corridas de toros adquieren su importancia como espectáculo de masas. Como ejemplos ineludibles de la arquitectura dieciochesca andaluza, las Maestranzas de Sevilla y de Ronda. De las Haciendas de Olivar, esos conjuntos arquitectónicos que se perfilan en el horizonte de las provincias de Córdoba, Sevilla y Cádiz,  de origen romano y árabe, copian los arquitectos regionalistas, fachadas, torreones,  patios y hasta las rejerías. La designación de este tipo de fincas, con su correspondiente caserío,  que no hay que confundir con los cortijos,  que es la construcción rural y agrícola más popular del Sur de España, se populariza en el siglo XVIII, época de mayor esplendor de estas fincas olivareras. Juan de Talavera y el ya citado Aníbal González, los dos grandes del estilo en Sevilla, aparte de copiar, proyectaron haciendas, porque la llamada arquitectura regionalista, recoge gran parte del mito y prestigio de esta arquitectura rural 4.


                                                                 Hacienda de Olivar.

 
Centrándonos ya en el ámbito territorial que analiza este trabajo, es decir la Costa del Sol y más concretamente Marbella, se puede afirmar rotundamente que el estilo regionalista no es el que lo define.  Esto no sucede en los lugares de veraneo, donde en aquellas primeras décadas del siglo XX, acude la burguesía y la aristocracia sevillana. La sombra de la Giralda es alargada y la influencia del regionalismo en algunas de las villas y chalets que se construyen en ciudades como El Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda o Chipiona son más que evidentes.
En la Costa del Sol, el fenómeno arquitectónico que se recrea a la sombra de una Exposición internacional como la del 29, que crece ligado a unas teorías nacionalistas, es imposible. Como ya se ha comentado al principio de este apartado, este estilo se desvanece con la llegada de la Guerra Civil y la Costa del Sol, con algunos matices que se analizan posteriormente, no despega hasta unas décadas después, ya en la dictadura del General Franco y bajo la que todas las utopías han sido abolidas.
Se han obviado desde un principio en este trabajo, los estilos íntimamente ligados a la industrialización, como son el modernismo y posteriormente el art-decó, que en Andalucía, por razones evidentes tienen muy poca relevancia, exceptuando algunos ejemplos interesantes en Málaga capital y en Melilla. Es por tanto obligado reafirmar que la industria turística, motor de la economía costasoleña a partir de los años cincuenta del siglo XX, no puede utilizar como imagen propagandística esos estilos ni tampoco el regionalista a pesar de la carga identificatoria, real o idealizada, que este último arrastra consigo. De todas formas, los ejemplos que existen son dignos de incluirlos en este trabajo, primero porque fueron los pioneros de la industria en la que se basa la economía andaluza y segundo porque nunca deben descartarse del todo en un análisis de este tipo,  las obras que pueden componer  algo tan complicado de sintetizar y cronologar como es un movimiento artístico.  A los ya citados edificios del hotel Príncipe de Asturias, después Miramar,  del hotel Caleta Palace y los Baños del Carmen, del arquitecto  Guerrero Strachan, edificios que ya forman parte del patrimonio arquitectónico malagueño, hay que incluir algunas villas en el barrio elitista del Limonar y algunas residencias veraniegas situadas en el incipiente Torremolinos, la mayoría de ellas hoy desparecidas.
Torremolinos, que en aquella época estaba catalogada como barriada, surge como lugar de veraneo un poco antes que lo hace Marbella. La Generación del 27, movimiento literario que en Málaga cuenta con varios de sus más destacados miembros, como Altolaguirre o Emilio Prados, artífices de la revista Litoral, adscrita al sorprendente movimiento surrealista, invitan a Salvador Dalí y la enigmática Gala a pasar unos días en ese lugar paradisiaco que es el Torremolinos de 1930. Por entonces, esa que treinta años después sería una ciudad soñada por medio mundo,  era un pequeño pueblo de pescadores, con unas extensas playas y mucho sol. Se puede afirmar que con la visita de esos personajes ya célebres, con su cercanía al aeropuerto y a la capital, que también ya posee una infraestructura hotelera, Torremolinos se abre al panorama turístico.

                                     Altolaguirre, Dalí, Gala y Emilio Prados. Torremolinos 1930.

El aeropuerto de Málaga, que posiblemente sea el aeropuerto español que más ampliaciones ha sufrido a lo largo de su historia, es clave para entender los estilos arquitectónicos que se suceden en la Costa del Sol. Un aeropuerto hoy día es un lugar apátrida, un espacio sin vinculación a la ciudad y al país en el que se encuentra: Las mismas tiendas, la misma publicidad asfixiante, los mismos humanos que como autómatas circulan por rampas y escaleras. En los años en los que la industria turística empieza a asentarse en nuestra tierra, un aeropuerto es el vestíbulo de entrada a ese paraíso buscado y encontrado por el visitante. La imagen que presenta, es la imagen que ese humano cargado de divisas quiere ver nada más llegar. Es la escenografía del primer acto, de una obra que se sueña feliz y divertida. En el año 1947, en la segunda ampliación que sufre el aeropuerto malagueño, el regionalismo está pegando sus últimos coletazos, pero el pragmático arquitecto  Luis Gutiérrez Soto, al que se hará mención varias veces en este trabajo, diseña una terminal inspirada en esas haciendas de olivar de las que tanto bebió el regionalismo andaluz.
 Se archiva, para el análisis del siguiente estilo, la primera torre de control que este mismo arquitecto había construido para ese aeropuerto en 1937, cuando todavía era una base militar. En las fotografías que se conservan de la terminal malagueña, se observan las paredes encaladas, el porche al que solo le falta una parra, la torre y esos primeros turistas tomando el aperitivo relajadamente en la terraza a la espera de su vuelo. No estaba equivocado del todo Gutiérrez Soto. Era una estética propagandística posible para un lugar que estaba emergiendo como destino turístico internacional, una escenografía original y exótica, que ya  había funcionado en la Exposición Iberoamericana de Sevilla y  con la que la burguesía que veranea en Málaga se identifica. Pero otros estilos empujaban y tenían más posibilidades de afianzarse. En el año 1947, Europa acaba de salir de la barbarie de la Segunda Guerra Mundial, España está sumida en la autarquía, al turismo de masas le queda aún más de una década por aparecer y la terminal regionalista del aeropuerto de Málaga, no resulta, ni como infraestructura, porque muy pronto se queda pequeña y porque el estilo sinceramente ha pasado de moda.


                                Terminal del aeropuerto de Málaga. Luis Gutiérrez Soto. 1947.

En lo que a Marbella concierne, el estilo regionalista “andaluz” no llega, porque en esta ciudad no se puede hablar del fenómeno socio-ecónomico del turismo hasta la inauguración del  hotel en el año 1947, la Venta y Albergue el Rodeo. Hubo un hotel, el Miramar, que abrió sus puertas en 1933 y que además empleó por primera vez en su propaganda, en francés y en inglés, la expresión Costa del Sol, aunque la paternidad se le atribuyó años después al director del diario Sur, Francisco Sanz Cagigas. Este establecimiento tuvo que cerrar tres años después con motivo de la Guerra Civil y no se puede incluir en la historia estética y turística de la ciudad, porque desapareció demasiado pronto para dejar impronta ninguna. El Hotel Comercial de 1919, situado en el casco histórico, era un establecimiento en el que se alojaban representantes de comercio y similares.  No se puede afirmar, porque no llegaron nunca a materializarse, si el regionalismo estaría presente en los proyectos que se describen en las dos obras que escribió el militar afincado en la ciudad, Ramiro Campos Turmo. En estas dos pequeñas obras se explican sus propuestas para el desarrollo del turismo: “Costabella, la riviera española” 1928 y la segunda, impresa en Málaga en 1929, en la que proponer construir “El jardín de España en Marbella”. En esta segunda  obra, donde aparte de dotar de ciertas infraestructuras a la ciudad,  su sueño se complementaría con otras actuaciones: “… Para la estética del conjunto se proyectarían plantas, glorietas, inscripciones, columnas, estatuas y diversas construcciones, con el objeto de convertir dicho terreno en el lugar más agradable de Europa, por el doble motivo del encanto del clima y la belleza de la obra”.  Si atendemos a las fechas de publicación de estas propuestas, que coinciden con el auge del estilo en Andalucía, es muy probable que el regionalismo fuera la estética, pero como ya se ha comentado, solo fueron las propuestas escritas por un militar 5.


Aún así es interesante destacar algunos ejemplos que  se acercan al movimiento  y que se dan muy a posteriori. El primero de ellos y siguiendo un orden cronológico, se correspondería con el del primer edificio de la sede de la Caja de Ahorros de Ronda en la ciudad, que se construyó en la incipiente avenida de Ricardo Soriano en 1952. Constaba de dos plantas y una fachada con paramentos enlucidos en cal, pero enmarcados con columnas de ladrillo visto. La fachada principal presentaba dos balcones con rejería centrados y rematados por un friso neobarroco también en ladrillo visto. Este edificio forma parte de los muchos que se analizarán en este trabajo y que no existen en la actualidad. El segundo ejemplo es el Hotel Las Chapas. Este establecimiento hotelero, que ha vivido ya varias reformas, fue construido en 1958 a orillas de la N-340, en medio de una extensa masa de pinares. En un principio se llamó “Hotel Venta Las Chapas”  y fueron sus autores, los arquitectos asturianos Genaro Alas Rodríguez y Pedro Casariego. Desde luego ninguno de los dos había bebido directamente del movimiento regionalista, pero atraídos por el paisaje o quizá obligados por contrato, utilizaron algunos elementos estructurales y decorativos, como la galería porticada de la planta baja o el remate de la fachada, que puede llegar a recordarnos al del palacio del Marqués de la  Gomera en la localidad sevillana de Osuna. 

                                          Hotel Las Chapas en Marbella. Genaro Alas Rodriguez,
                                          Pedro Casariego.

El Hotel Cortijo Blanco, construido en 1960, sería el tercer ejemplo de construcciones realizadas en Marbella bajo el influjo del estilo regionalista. Aunque su nombre alude a las construcciones rurales populares, es decir los cortijos, está proyectado a imágen y semejanza de una de esas Haciendas de Olivar que suponen una arquitectura mucho más sofisticada, entre otras cosas porque en ellas se utilizan materiales más nobles, como columnas, azulejos o pórticos y escudos tallados en piedra.


El cuarto, en este caso, un gran conjunto arquitectónico, es el Hotel Andalucía Plaza. La filiación de sus autores,  Antonio Delgado Roig y Alberto Balbontin De Orta, formados ambos en Sevilla al calor del regionalismo, nos habla en cierta medida del estilo que se analiza en este primer apartado de “Marbella en busca de un estilo”. No se puede citar este hotel como puramente regionalista, porque entre otras cosas posee muchas influencias castellanas, neobarrocas y hasta clásicas, con las dos columnas en el primer término de esa plaza en torno a la cual se cierra todo el complejo 6.



La actuación más curiosa y anecdótica del posible desembarco en Marbella del estilo que no la define, es la del Hotel El Fuerte. Este establecimiento, situado en primera línea de playa y en el mismo centro de la ciudad, no nació bajo ningún estilo concreto. En un principio era un edificio sin interés arquitectónico ninguno, que se inauguró con una cena para 500 invitados en el verano de 1957, pero que contaba en su jardín con un fortín del siglo XVIII, que le dio nombre al hotel y después a la cadena. Este elemento patrimonial, unido al telón de fondo capitaneado por la torre de la iglesia de La Encarnación, bien que podría haber sido todo un referente estético para el  posterior  “skyline“ de la ciudad. Pero es además, en la última restauración ya a finales de los años 80, donde los propietarios del mismo, deciden hacerle un guiño a ese estilo regionalista olvidado, dotando a los torreones de los extremos,  con una cubierta a cuatro aguas con tejas árabes vidriadas, como estaban en un principio, añadiendo algunos elementos más, como la marquesina de la entrada, también con la teja árabe vidriada y recubriendo todo el conjunto de un color almagra evidente. A esas alturas de finales del siglo, la ciudad y la Costa ya estaban de vuelta de toda estética posible y este edificio que acaba recordando un poco al Miramar  de Málaga, aparece anacrónico en medio de la vorágine arquitectónica que lo rodea.  

Hotel El Fuerte en Marbella.

De los interiores del estilo regionalista en Andalucía, se conserva poca documentación. En primer lugar porque los materiales con los que se construye el mobiliario y la decoración, en cualquiera de los estilos, son mucho más delicados que los que se utilizan obviamente para los exteriores y eso conlleva obligatoriamente a una renovación. Por lo tanto, hoy tantos años después, es difícil encontrar, digamos en estado puro, una muestra del concepto que el regionalismo tenía con respecto a la habitabilidad  de sus edificios. Existen fotografías que nos muestran la decoración y el ambiente con el que se habían equipado, sobre todo  los hoteles y los edificios públicos. En la mayoría de ellos, existe una estrecha relación entre continente y contenido. En aquellos años, aún no se publicaban revistas de decoración y estilo, o al menos orientadas al gran público, que podrían haber sido testigos de, al menos, la casa idealizada del regionalismo. La hedonización que provocan los espacios que luce el hábitat en las revistas actuales, independientemente del soporte en el que estén publicadas, es transferible a la documentación gráfica que se publicó cuando el regionalismo era la tendencia.  


                                           Vestíbulo del Hotel Alfonso XIII en la actualidad.

Los interiores de la casa de Blas Infante,  muestran una escenografía más cercana al cine de Bollywood que a una casa ubicada en la Andalucía real de los años 30. El padre de la patria andaluza, personaje comprometido con los problemas reales del territorio que defendía, construye una casa irreal y fantasiosa. Este edificio está rehabilitado y se muestra al público con una buena dosis de imaginación, pero es valido para comprender algunos matices del regionalismo. 

                                              Interior de la casa de Blas Infante. Coria del Río.
                                              Sevilla.

La realidad, por supuesto es otra, y los hoteles, como el Príncipe de Asturias, en Málaga o el Alfonso XIII en Sevilla, se decoran para ser habitados por una nueva tribu que se llama turismo, en este caso una tribu aún minoritaria.



                                             Interior de la época del Hotel Miramar en Málaga.


 La Plaza de España, está construida tanto por dentro como por fuera, en el mismo concepto estético del movimiento regionalista. Los elementos decorativos como las yeserías, los artesonados, la azulejería y los herrajes, se repiten en el exterior y en el interior. Todo el mobiliario histórico que decora muchos de los palacios y castillos andaluces y castellanos de otras épocas, es perfectamente idóneo para idealizarlo como elemento esencial  dentro del concepto regionalista de estilo y es útil para colocarlo en cualquiera de sus espacios. El abuso de la azulejería, en zócalos de patios, de escaleras y pasillos es tal, que coincide con el esplendor de la industria azulejera de Triana. El “Mensaque” un tipo de azulejo en relieve, de inspiración almohade, fabricado por la fábrica “Mensaque & Cía”, de Triana, surge como un material innovador que acaba alicatando media capital. Es muy común en Sevilla encontrarse con ese revestimiento, que puede considerarse uno de los materiales más significativos del regionalismo.


                                             Vestíbulo del Hotel Casas de la Judería en Sevilla.


  El mimbre, otro material que nunca abandona la escena, está presente en parte del mobiliario de esos establecimientos  hoteleros pioneros de la industria turística. En España y hasta el siglo XXI con la invasión China, existieron muchas empresas dedicadas a la fabricación de muebles de mimbre, sobre todo en la Comunidad Valenciana. Un tipo de mobiliario que en la mentalidad de todos está asociado al verano, a la costa y al relax.
Las paredes, que siempre están expuestas a todo tipo de discursos, se ofrecen esta vez para platos de cerámica, no precisamente popular, para tapices, adornos fabricados en forja y cuadros de contenido abiertamente costumbrista. De la herencia de ese estilo decorativo, recoge algo después la escenografía costasoleña, aunque en menor escala en relación a las  otras tendencias emergentes.
La mayoría de los teóricos y autores que han indagado y publicado sobre el   regionalismo, incluyen en la misma corriente las obras que se califican como neomudéjar. Ambas están estrechamente unidas y realmente es muy difícil separarlas, pero en la clasificación que este trabajo realiza sobre las  estéticas posibles de un lugar llamado Marbella, ese exagerado orientalismo, se ha incluido en el apartado segundo de este trabajo, que por razones estrictamente sintetizadoras, se le ha llamado “Estilo árabe”.


NOTAS

1- J.A. Santamaría Pastor, E. Orduña Rebollo, R. Martín-Artajo. Documentos para la Historia del Regionalismo en España. Instituto de Estudios de Administración Local, 1977.
2 - Juan Gavilanes Vélaz de Medrano. "Viaje a la Costa del Sol (1959-1969)". Tesis doctoral. 2012.
3 - Julio Caro Baroja. De Etnología andaluza. Colección monografías nº 5. Servicio de Publicación Diputación Provincial de Málaga.1993.
4 - Salvador Rodríguez Becerra. Imágenes de una arquitectura rural: Las haciendas del olivar en Sevilla. Fundación Luis Cernuda, Diputación de Sevilla. 1992.
5 - Miguel Ángel Guillén Ramírez. "Marbella en la época de Primo de Rivera". Cilniana. Pgs. 7-22 2009-2010. 
6 - José Miguel Morales Folguera. La Arquitectura del Ocio en la Costa del Sol. Universidad de Málaga. 1979.
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