lunes, 6 de abril de 2015

LOS TINAOS DE LA ALPUJARRA GRANADINA



En pocas comarcas como en la Alpujarra granadina, el paisaje y los elementos que lo conforman, desde los núcleos urbanos hasta los barrancos y los bancales, constituyen un bien colectivo que sintetiza a la perfección los tesoros naturales y los culturales. La arquitectura y el urbanismo tradicional, se encuentran entre esos tesoros culturales. Juegan un singular papel integrador de todo el territorio, con independencia de las lógicas variantes locales y constituyen, probablemente, el más evidente de los distintivos de la comarca.
Lo mas original de la tipología alpujarreña son los tinaos. Espacios de transición, entre el espacio público y el privado, que se configuran como un lugar esencial de sociabilidad e interacción. Como extensión del uso agrícola, el tinao es una plataforma que recubre, total o parcialmente, la calle situada al Sur de la casa y prolonga el piso de la habitación ante la fachada principal. Su parte baja sirve de abrigo a las operaciones de carga y descarga. Su parte superior, se utiliza, en principio para el secado de alimentos, pero en realidad es uno de los lugares de reunión mas apreciados por los alpujarreños. El tipo más sencillo, consiste en una plataforma que vuela sobre la calle, bien apoyándose sobre pilastras de lajas de pizarra o sobre la construcción del otro lado de la calle. El tinao adquiere mayor complejidad en otras soluciones, como los que se cubren con otro techo o se cierran completamente. 















Las fotografías que ilustran este post son propiedad de andalucíainteriors@blogspot.com

martes, 10 de marzo de 2015

LA FUNDACIÓN VALENTÍN DE MADARIAGA

Entre la avenida de María Luisa y la de las Delicias, en Sevilla capital, se encuentra el edificio que alberga la Fundación Valentín de Madariaga. Esta fundación creada en 2004, tiene como fines esenciales los de promover, fomentar y organizar actividades de carácter educacional, empresarial, medioambiental, cultural y social.
El edificio fue construido para la Exposición Iberoamericana de 1929 por el Gobierno de los Estados Unidos para albergar el pabellón de este país en dicha exposición. Después de muchas negociaciones entre ambos gobiernos, (ya que los Estados Unidos no construye edificios permanentes en terrenos que no sean de su propiedad) se decidió la cesión del mismo por un máximo de 75 años y un pago de 200.994 dolares para que este país pudiera eludir la compra. Obviamente al gobierno de España y al ayuntamiento de Sevilla les salió carísima la operación y la presencia de los Estados Unidos de América en la "Expo del 29" . Durante esos 75 años de cesión gratuita,  en este edificio se instaló el consulado americano en la capital de Andalucía.
 Se realizó un concurso restringido entre cinco reconocidos arquitectos americanos, a los que se les solicita que las edificaciones (originariamente eran tres los edificios) reuniesen un estilo que ellos denominaban en aquel momento "misiones españolas". Fue elegido el proyecto presentado por el arquitecto californiano Willian Templeton Johnson, que unos años antes había construido en San Diego, el Museo de Arte de esa ciudad, inspirado en el estilo plateresco español, inspiración que repite en el edificio del que hablamos.  Con claros matices coloniales y una decoración propia de las grandes mansiones californianas, se trata de un  edificio de planta triangular, que incluye en su interior un patio central semejante y concéntrico con las líneas de fachada.  Deberíamos añadir que, en todas las grandes exposiciones de este tipo, provocar la admiración del público es una de las pautas obligatorias y para ello se recurre a la simple y llana fantasía. El pabellón de los Estados Unidos, recurre al colonialismo hispano, a los decorados de Hollywood y a las casas de los actores famosos que entonces vivían en Berbely Hills. Aún sí este edificio presenta dos elegantes portadas donde la ornamentación de la piedra contrasta con el limpio y blanco paramento de la fachada y su presencia está más que arraigada en la estética de la ciudad en la que se encuentra.
El interior, donde durante la Exposición Iberoamericana se instaló la sede del gobierno americano y exposiciones de todo tipo de artilugios, muestra la misma estética "hispana" que el exterior. El Patio, donde hoy día se muestra la instalación de los hermanos Rosado "lloviendo a cántaros", posee una fuente central y una galería porticada que  nos remite a nuestros orígenes romanos y árabes. Los artesonados de esta galería y de algunas dependencias están construidos en caoba y con una evidente inspiración mudéjar.
La Fundación Valentín de Madariaga ha conservado los muros, los suelos, los antes citados artesonados, las chimeneas y hasta las puertas y las persianas. Cuadros y esculturas de jóvenes artistas decoran las paredes de las aulas y del resto de las dependencias de la fundación, creando un ambiente moderno y acogedor, pero que emana una esencia antigua y sevillana, aún a sabiendas que nos encontramos en un capricho más del extenso y valioso legado de la Exposición Iberoamericana de 1929.


Las fotografías que ilustran este post son propiedad de andaluciainteriors.blogspot.com

lunes, 16 de febrero de 2015

LA CERÁMICA DE FAJALAUZA




En el post que publicamos en mayo del año pasado, titulado "El interiorismo en la obra de Federico García Lorca", hicimos una breve descripción de la cerámica de Fajalauza, ya que el poeta, sin especificar el nombre, incluye piezas de esta cerámica en uno de los decorados de Yerma. Archivamos la posibilidad de hablar más detenidamente de una de las cerámicas más conocidas de Andalucía y del resto de la península, porque esta nos parece un elemento muy significativo de los interiores y los patios andaluces...
La Puerta de Fajalauza, es uno de los seis accesos que tuvo la muralla del Albaicín y fue levantada a mediados del siglo XIV para la defensa del primitivo arrabal "Rabad al-Bayyazin". Ya en época cristiana, esta puerta era la que comunicaba el famoso barrio granadino con el arrabal de los alfareros, situado a extramuros, de ahí que la cerámica popular que se fabricaba en ese lugar  pasara a denominarse cerámica de Fajalauza.
Hasta los años setenta, la loza basta y popular de Fajalauza mantuvo sus características primitivas: vidriado con poco estaño, decoración con tupidos caracolillos y curvas entrelazadas, en verde o azul grisáceo y con motivos vegetales en el centro, normalmente el fruto de la granada, pájaros o escudos heráldicos....





Sin variación durante siglos estos dibujos decoraron sencillas fuentes de solero plano o abombado, lebrillos, tazones, cantarillos, jarras, orzas y unas conocidas jarras que se denominaban alcarrazas. Cualquiera de estos humildes recipientes de barro vidriado puede ser considerado como una de las señas de identidad de la ciudad de Granada, aunque existe un fuerte paralelismo entre la cerámica de Fajalauza y la de Teruel, ya que en  estas dos ciudades es donde mejor se ha conservado la tradición alfarera de origen morisco.



Aunque las características de la loza de Fajalauza se mantienen, no se ha podido evitar la adulteración de los tonos azules y verdes, producida por el uso de los colorantes industriales de los óxidos de cobalto y cobre. En el barrio del Albaicín aún quedan un par de talleres artesanos dedicados a la fabricación de piezas de Fajalauza, aunque la mayor parte se fabrica en empresas instaladas en los polígonos industriales de Granada. Esta cerámica se importa a todos los lugares del mundo y no ahora, ahogados en la globalización, mucho tiempo atrás, barcos repletos de cacharros partían  del puerto de Motril hasta otros puertos remotos de Ultramar. Por supuesto, en la actualidad, cientos de turistas compran a diario pequeñas piezas de Fajalauza en las tiendas de souvenirs de Granada y el resto de Andalucía, pero estas, en verdad, ya no poseen la belleza azulada de aquellas que cuelgan de los patios y las cocinas de las antiguas casas andaluzas. 





miércoles, 14 de enero de 2015

LA BODEGA LORETO



Una Bodega en Andalucía, humilde, pequeña. Algún día entraremos en las grandes y famosas bodegas de Jerez y del Puerto de Santa María, pero esta vez solo una bodega antigua, con el polvo y las telarañas sobre la cal de las paredes, obligada decoración para un lugar donde se produce el vino. Un vino también humilde y de escasa producción. Las vides tras las tapias de la hacienda donde se encuentra esta bodega oscura y silenciosa como un templo. Altos techos con vigas ennegrecidas de donde cuelgan pobres bombillas. El suelo de tierra, albero pisoteado durante décadas. Tierra fría,  necesaria para que el líquido se produzca con orgullo y  tierra aljarafeña donde entre el otoño y el invierno nace el mosto. Botas de roble americano y bocoyes de castaño, apilados en su riguroso orden, negros y redondos. Un tonel abandonado en un rincón, que parece que alguien ha colocado ex-profeso para la foto. Puertas pintadas y repintadas una y otra vez, siempre oscuras, pero que cuando se abren al patio dejan pasar el fogonazo de luz y el olor de los naranjos. Diseño milenario el de estos pasillos de enjambres, rota a veces la perspectiva por una garrafa o una silla de tijera. Interiorismo andaluz en estado puro.














Esta bodega pertenece a la hacienda Loreto, en la localidad sevillana de Espartinas. Las fotografías que ilustran esta entrada son propiedad de andaluciainteriorsblogspot.com.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

LA CARTUJA DE SEVILLA

El Monasterio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla, está situado sobre la fértil orilla derecha del Guadalquivir, frente a la ciudad. En este lugar, gracias a las riquezas de sus barros y arcillas, se instalaron numerosos hornos alfareros almohades y fue en uno de ellos, según cuenta la leyenda, donde en 1248 apareció la imagen de una virgen a la que se denominó  Virgen de las Cuevas. Para venerar esta imagen se instala primero una ermita franciscana y en 1399, el Arzobispo de Sevilla manda que se funde el Monasterio, al que dota de todos los terrenos adyacentes.


En sus seis siglos de existencia, la Cartuja ha conocido momentos de gran esplendor y otros de graves crisis. Fue en esta Cartuja donde se depositaron los restos de Cristóbal Colón, durante treinta años, ya que el almirante era asiduo visitante del Monasterio, en cuya hospedería preparó su segundo viaje. Santa María de las Cuevas fue también retiro espiritual de Felipe II y Teresa de Jesús.


La Cartuja, más que un monumento estable, fue una ciudad amurallada en continuo cambio. Durante la invasión napoleónica fue transformado en cuartel de las tropas de ocupación. Los monjes huyeron a Portugal y lo retomaron en 1812, para ser definitivamente exclaustrados en 1836 tras la Desamortización de Mendizábal.

 Abandonado y maltrecho, el Monasterio fue adquirido en 1839 por el comerciante inglés Charles Pickman, donde instalaría su famosa fabrica de porcelana china. En un principio la fábrica fue respetuosa con el monumento, pero poco a poco la demanda de la producción terminaron con la utilización de todos los restos monásticos sin contemplación. Se construyeron en sus patios varias chimeneas y diez hornos, cinco de los cuales aún están en pie y han acabado determinando la actual concepción visual de este esplendido conjunto arquitectónico.



 La fábrica de loza estuvo funcionando en este lugar hasta el año 1982. En el año 1986, la Junta de Andalucía comenzó los trabajos de restauración y rehabilitación que han tratado de recuperar para el presente los elementos esenciales de todo su complejo pasado.

Tras la Exposición Universal de Sevilla de 1992, para la que el edificio cumplió con las funciones de Pabellón Real, se puso en marcha una nueva etapa en la larga historia de este monumento, ya que en 1997 se convirtió en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo.


Desde su levantamiento, el recinto ha sufrido varias reconstrucciones, en gran parte debido a las regulares subidas del río que lo dañaron en múltiples ocasiones. Por eso, en él, se pueden apreciar las distintas tendencias artísticas que lo componen, como el mudéjar, el gótico, el renacentista y el barroco, sin menospreciar la valiosa colección de cerámicas y azulejos de su época de fábrica. Sus paredes y estancias han servido para alojar importantísimas obras de artistas como Durero, Zurbarán, Murillo, Martínez Montañés o Alonso Cano. 


En la actualidad, aparte de la belleza y el misterio de sus patios y jardines, los interiores de este magnifico conjunto monumental se han convertido en un escenario único y original donde se exponen las últimas tendencias artísticas, tanto de autores internacionales, españoles y por supuesto andaluces.





Las fotografías que ilustran este post son propiedad de andaluciainteriors.blogspot.com
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