miércoles, 20 de abril de 2016

LA ALHAMBRA





 


Después de más de dos años publicando este blog, escribir sobre uno de los edificios más famosos del planeta, nos resulta realmente difícil. Casi todo está escrito y decimos casi, porque seguramente a la Alhambra le quedan  aún más cosas que contar. En el artículo o post que publicamos para la presentación de andaluciainteriors, titulado La luz y la sombra, hacíamos mención a este conjunto arquitectónico, como el referente de gran parte de la arquitectura y la estética que aparecerían posteriormente en Andalucía. Sabíamos que algún día tendríamos que enfrentarnos a la Alhambra. Con lo que no contábamos era con el lujo de ilustrar el post con las imágenes del granadino Javier García, posiblemente uno de los fotógrafos más interesantes del panorama actual. Su mirada, siempre en blanco y negro, es capaz de captar la sutileza que existe entre la luz y la sombra que se alternan en un lugar tan mítico como este. Del idilio entre el agua y los reflejos, del diálogo entre el interior y el exterior que sucede en esta maravilla arquitectónica, paradigma del paraíso en la tierra. Muchas gracias Javi por prestarnos tu trabajo y tu obra.  

La ciudad palatina, la verdadera definición de la Alhambra, se construyó en el monte conocido como de la Sabika por la dinastía de los nazaríes, que procedían de la actual localidad jiennense de Arjona. Estos se declararon independientes de la autoridad almoháde y establecieron la capital del nuevo estado en Granada a partir de 1238. Crearon el último reino islámico en Europa. La historia de la Alhambra es pues la historia del final de Al-Andalus. Durante dos siglos y medio, en ese espacio geográfico que hoy ocupan las provincias orientales de Andalucía, un estado con sede en esta ciudad palacio, detenía el tiempo y se encerraba en unas débiles fronteras, manteniendo todavía un régimen feudal, que intentó prolongar la Edad Media. En ese tiempo, esta ciudad idílica, se empeñó en aislarse del resto del mundo. En Europa se sucedieron el gótico y el renacimiento, afloraron las ideas humanistas, pero los habitantes de la Alhambra a base de pactos y una diplomacia basada en la poesía, sobrevivieron hasta su rendición definitiva en 1492. 

La ciudad palaciega de la Alhambra, como tantas otras hispanomusulmanas, se diseñó seguramente con la añoranza de Medina Azahara, la arrasada y mitificada ciudad califal en las afueras de Córdoba, la capital de Occidente en el siglo X. La Alhambra, siguiendo el ejemplo de la cordobesa, se situó en un lugar estratégico, a una distancia prudencial de la antigua ciudad y con la disponibilidad de los recursos naturales para subsistir, especialmente el agua.  
Su arquitectura y decoración, que han producido admiración e imitaciones diversas, también han propiciado la creación de otras realidades artísticas surgidas a partir de ella, como la literatura, la música, la pintura,  el diseño, la artesanía, la jardinería y hasta la fotografía. Las yeserías de la Alhambra, las primeras que se produjeron en moldes, incorporan mensajes precisos que ayudan a entender este universo tan propio. A ellas se suman los atauriques y lacerías en un apretado catálogo de formas diversas y composiciones delicadas, que deben contemplarse con detalle para poder disfrutar de todas sus posibilidades estéticas. Arquitectos y decoradores de todo el mundo, se han mirado en la Alhambra, han copiado el laberinto que trazan canales y acequias, han interpretado sus miradores, han imitado sus espacios llenos de luz y de sombra.

Valorar los contrastes de sus interiores y la armonía de sus patios, la materialidad de su arquitectura, la alternancia de torres y baluartes, la riqueza formal de fuentes y pilares, el artificio de las albercas entre los arcos, es valorar lo supremo, casi lo inalcanzable. 


  
 














Las fotografías que ilustran este post son propiedad de Javier García. Para conocer más sobre la obra de este genial fotógrafo y amigo, añadimos dos enlaces:

GRANADA, TIERRA DE FRONTERAS:
http://myalbum.com/album/JHQpUSJ4pSQb

MEXICO CITY, LA CIUDAD MESTIZA:
http://myalbum.com/album/w5WQZMp7MApk

lunes, 21 de marzo de 2016

EL PALACIO DE LAS DUEÑAS




La última vez que Borges visitó Sevilla, invitado por la Universidad Menéndez Pelayo, uno de los organizadores de ese acontecimiento, Jacobo Martínez de Irujo, Conde de Siruela e hijo de la entonces propietaria de este magnífico edificio, el Palacio de las Dueñas,  lo invitó a cenar allí. El célebre escritor argentino, en la conferencia que dio aquella tarde y ante la pregunta de un oyente sobre algo relacionado con Antonio Machado, se permitió una de sus ocurrentes salidas. Dijo: Ah, pero... ¿Manuel tenía un hermano?. El público le rió la gracia, porque para la gran mayoría la duda es la contraria, si Antonio tenía un hermano. Cuando aquella noche, su bastón de ciego le leyó a su mano la rugosidad del adoquinado del  patio donde madura el limonero, al maestro se le cayeron dos lágrimas como puños. Dicen que fue la primera vez que se arrepintió en público de un  comentario suyo.

El Palacio de las Dueñas fue construido en el siglo XV y ampliado en el XVI,  por la familia de los Pineda, que tuvieron que venderlo para poder pagar el rescate de uno de sus miembros, prisionero  de los "moros".  Por lo tanto su arquitectura posee elementos góticos,  mudéjares y renacentistas.




Su nombre se debe al cercano y desaparecido monasterio de la Compañía de las Dueñas, cuyas hermanas se dedicaban a servir a la aristocracia de la época. Es un palacio con todas las pautas de la arquitectura nobiliaria sevillana de ese momento y aunque se le compare con la Casa de Pilatos, es necesario añadir que, arquitectónicamente no son comparables. Son dos edificios o mejor, dos conjuntos arquitectónicos, diferentes. La Casa de las Dueñas tiene más embrujo, un aire más andaluz, más sevillano. Los elementos ornamentales que conforman su arquitectura:  Las yeserías mudéjares, los azulejos de los zócalos, los suelos de barro, los artesonados, las puertas... pertenecen al más puro estilo hispanomusulmán. La Casa de Pilatos, sin embargo, posee una fuerte influencia italiana. 




Los Patios del Palacio de las Dueñas, con el albero como parte indispensable del suelo que los pavimenta, no ofrecen espectaculares fuentes de mármol, ni logias que fantasean la perspectiva. A pesar de la belleza y el valor patrimonial que ostentan, pertenecen a una estética que nos resulta familiar.




 Las salas que se pueden visitar, solo en la planta baja, están decoradas con consolas Luis XV, muebles castellanos de los siglos XV, XVI y XVII, sillas Chippendale, tapices de diferentes épocas y escuelas, jarrones de porcelana de Sevres, lámparas de araña, cuadros costumbristas y todo eso mezclado con, faroles granadinos, alfombras de esparto, cerámica popular andaluza, sillones de anea, braseros de cobre...






En esa mezcla radica parte del encanto que transpira este palacio. Si fue la mediática Cayetana Fitz-James Stuart la decoradora o si fue algúno de los que componián su folclórica corte, eso no consta en el programa. Fotografías familiares, títulos, libros, diplomas, pintura naif (obra de la Duquesa) y hasta una bandera del Betis, también conforman la abigarrada decoración de esas salas.

Este palacio que fue incendiado, bombardeado en la Guerra Civil (por aviones fascistas aunque una placa allí expuesta diga lo contrario), que fue casa de vecinos y restaurado varias veces, acogió entre sus muros a Eugenia de Montijo, a Grace Kelly, a Jackelin Kennedy, a los Duques de Winsord y a Borges. En esos patios repletos de calas, jazmines, buganvillas, palmeras y cipreses convivió Cayetana con sus extraños maridos, sus bailaores y sus toreros.


Entre las obras de arte que se exponen, muy pocas en comparación con la gran colección que atesora el Palacio de Liria en Madrid, caben destacarse,  "Santa Catalina entre Santos"de Neri de Bicci, "La Bailaora" de Mariano Benlliure, "La Epifanía" de Luca Giordano o el tapiz "Ofrenda de Abraham y Melquiasedec en el templo de Jerusalén" de Francisco Van de Hecke. 


Las Dueñas, como se le conoce popularmente en la ciudad, está abierta al público desde el pasado 17 de marzo, a 8 euros la entrada (porque la familia Alba "no dá puntá sin  hilo") y Sevilla adquiere otro atractivo más para que al turista no le de tiempo a aburrirse entre sus calles. Es Monumento Nacional y Bien de Interés Cultural por la Junta de Andalucía y ahí nació uno de los más grandes poetas de la literatura universal, Antonio Machado..."Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla donde madura el limonero". 


Las fotografías que ilustran este post son propiedad de andaluciainteriors.blogspot.com


domingo, 21 de febrero de 2016

CÓRDOBA




Para escribir sobre una ciudad hace falta haber sido previamente poseído por ella. Del  encuentro        apasionado entre una ciudad y una mirada, convertida luego en memoria y palabras, han nacido algunos de los más grandes episodios de la literatura. Palabras, casi siempre de invocación y de elegía, que quieren apresar a las ciudades en la fuga del tiempo y volverlas imaginarias, salvarlas y mentirlas, hacerlas inmortales. La lógica extravagante del turismo a convertido a Córdoba en un lugar de paso. Los guías apacientan a la multitud en el patio de la mezquita, la ordenan en fila india, la empujan al interior de las naves con una severidad nunca exenta de premura, la hacen salir media hora después, también en fila india y solo le permiten que se disperse en las tiendas de abalorios y de postales y en los premeditados callejones con macetas...
Antonio Muñoz Molina.

Por eso en Córdoba es necesario huir, como en  otras ciudades, de la masa colorida de turistas que eclipsan la verdadera ciudad, la soñada y la real. Es necesario buscar la esencia acumulada durante siglos en los rincones, en los patios, en el callejón sin folclorismos. Existe la ciudad, la que aun no se ha vendido, la que permanece con su acento, su diario y su misterio. La ciudad en la que perderse sin prisas es una suerte del destino y encontrar detalles escondidos a la vuelta de una callejuela sin salida, una sorpresa para los sentidos. Córdoba enamora en cada esquina, en cada adorno arquitectónico que sobrevuela en una fachada sin prentensiones. Te embaucan las puertas entornadas  y las rejas de los patios que guardan celosas el rumor de una fuente o el ansiado silencio. 



Las fotografías que ilustran este post son propiedad de andaluciainteriors.blogspot.com

miércoles, 20 de enero de 2016

PATIOS ANDALUCES I




El patio con la fuente o con el pozo o la alberca, ya ha sido tan laureado por los poetas y literatos, que realmente lo único que podemos decir desde aquí es... que lo disfrutemos. Este espacio arquitectónico, unido intrinsicamente a las casas andaluzas, se diseñó hace miles de años. Hay constancia de patios en las casas y los palacios de la lejana cultura mesopotámica, concepto constructivo que se extendió por todo el Mediterráneo, siendo parte indispensable de los habitats griegos y romanos. La civilización islámica le añadió el agua, con la fuente, el pozo o la alberca como símbolo imprescindible de su cultura. A nuestra tierra, el patio ya venía avalado por los ejemplos de los majestuosos palacios de la disnatía de los Omeya. En las casas cordobesas y en Medina Azahara, se formalizó el patio como núcleo central de la vida, dotándolo de muebles, plantas y adornos. Posteriormente en Sevilla y en Granada, este alma de la casa, este espacio de luz y alegría, alcanzó su plenitud. En el medievo, con la influencia islámica y bizantina, se incorporó a monasterios y abadías. A él se replegó la arquitectura del Renacimiento y del Barroco y esta misma idea en la que gira la casa, se llevó a la America descubierta por Colón. El patio...





Las fotografías que ilustran este pots son propiedad de andaluciainteriors.blospost.com
Blogging tips