martes, 18 de agosto de 2015

MARBELLA EN BUSCA DE UN ESTILO





II EL ESTILO ÁRABE
Todo un referente histórico para una segunda propuesta de estilo.





                                                           La Mezquita de Córdoba



Para llegar a comprender el estilo arquitectónico y artístico denominado regionalismo, ha sido necesario rastrear en los movimientos y en los lenguajes anteriores al mismo e indagar un poco en el ideario político del momento. Para entender este estilo, el árabe, al que en este trabajo se le ha denominado de una forma tan genérica para poder incluir en él toda una amalgama de sub-estilos,  tendencias , orientaciones y épocas, hay que empezar obligatoriamente por mirar hacia el rico y emblemático patrimonio artístico de la época islámica en Andalucía. Patrimonio arquitectónico, que por su importancia histórica y artística, está catalogado como patrimonio de la humanidad. Por lo tanto una de las postales  que la Costa del Sol, podría haber utilizado desde sus comienzos como imagen corporativa para venderse como destino turístico internacional, sería la de un paisaje con construcciones árabes de fondo. De todas formas, es necesario añadir que para la gran mayoría de historiadores, el  patrimonio que se construye en Al-Andalus, se denomina en su conjunto, independientemente de los grandes estilos que alberga como el almohade o el nazarí, como hispanomusulmán. Los viajeros románticos, aquellos aventureros que se atrevieron en el siglo XIX a acercarse a Andalucía y que fueron los que potenciaron la imagen estética y social que el resto del planeta tiene de nuestra tierra, ya venían atraídos por la magnificencia de esos edificios que los árabes habían construido en el Sur de España. Fueron ellos los que describieron, tanto gráfica como literariamente, el exotismo y la recreación de paraíso  que encierran esas construcciones. Esos aventureros que, como primer esqueje del turismo, divulgan  esa visión exótica y atractiva de Andalucía.  “Los Cuentos de la Alhambra”, de Washington Irving,  se puede considerar una de las obras claves para la difusión de nuestra tierra, como lugar idóneo donde experimentar las sensaciones que provoca el ocio asumido al placer y a la aventura. 





No se puede analizar un estilo árabe contemporáneo en Andalucía, que algunos historiadores denominan “neoarabe contemporáneo”1   sin pensar en la Alhambra de Granada, la Mezquita de Córdoba, la Giralda o los Reales Alcázares de Sevilla.  Monumentos tan singulares y espectaculares que son capaces por si mismos de echar por tierra cualquier corriente arquitectónica  que los simule. La Mezquita de Córdoba, construida en el siglo IX, de estilo califal u omeya, dependiendo de los autores, ha sido referente de multitud de edificios posteriores. La Giralda de Sevilla, del siglo XII de estilo almohade en su parte inferior (El cuerpo de campanas es renacentista), ha sido copiada en lugares tan alejados de Andalucía como Estados Unidos o Polonia. Los Reales Alcázares, también en Sevilla, son visitados a diario por multitud de turistas y la Alhambra de Granada, construida en el siglo XIV, en su mayor parte de estilo nazarí y con la escenografía que la enmarca, no necesita de más presentaciones. 

 


                                                         Los Reales Alcázares de Sevilla

A estos edificios, maravillas del mundo, hay que sumarle y ya dirigiendo el tema hacia la estética de la Costa del Sol y Marbella, las Alcazabas de Almería y Málaga. No se puede olvidar que la Costa del Sol se cataloga en un principio como topónimo de un territorio que abarca desde Cabo de Gata hasta Tarifa. La Alcazaba de Almería, del siglo X y una de las construcciones árabes más importantes de la península ibérica, es una impresionante mole que destaca por encima del resto de la ciudad. Es posible divisarla a 55 kilómetros desde el interior del Mediterráneo. La Alcazaba de Málaga, construida como fortaleza militar en sus orígenes en el siglo XI, es un elemento identificador de esta ciudad, capital oficial de la Costa del Sol.
No anda pues, el estilo árabe carente de referentes a la hora de instalarse como imagen estética posible para un destino turístico.


                                                        

                                                            La Alcazaba de Almería.
 

En Marbella,  el conjunto arquitectónico que se conoce popularmente como “el Castillo“, fue levantado en la etapa califal, posiblemente en el siglo X y ampliado en el siglo XIV, cuando la ciudad pertenecía ya al reino nazarí de Granada 2. Es, junto a la Plaza de los Naranjos, la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de la Encarnación y la Villa Romana de Río Verde, nuestro patrimonio más valioso. La vista desde el mar que ofrecían las murallas del Castillo, con la magnífica torre del Cubo, aún sin restaurar, tuvo que resultar muy interesante y de haber existido una postal que identificara a la ciudad en ese momento, hubiera sido esa. 

                                                              El Castillo de Marbella

A esta alcazaba con sus almenas originales, porque las actuales se añadieron en 1951, que se recortaba en el horizonte marbellero, habría que sumarle las torres almenaras que se distribuían a lo largo de la ensenada. La mayoría de ellas fueron construidas tras la reconquista y  aún quedan algunas en pie. La que capitanea el escudo de la ciudad, la llamada Torre de la Mar y que se supone que estuvo situada en donde hoy se levanta el edificio Mediterráneo, no existe 3, pero de seguir erguida bien que podría haberse utilizado como inspiración  para las construcciones que aparecerían siglos después en el Paseo Marítimo actual.
El siguiente referente estético que se ha incluido en este capítulo, para poder basar algunas de las conjeturas que se están tratando, sería el denominado neomudéjar. Aunque ya en el primer capítulo sobre la estética posible de la ciudad de Marbella, donde se analiza el estilo regionalista  y se afirma que no es, por muchos motivos, al que se adscribe, hay que puntualizar que para  la mayoría de los autores el neomudéjar, pertenece a ese movimiento. De todas formas es interesante puntualizar que en el regionalismo existe una influencia evidente del barroco y en el neomudéjar esa influencia no existe .
El neomudéjar es  un estilo artístico y arquitectónico que se desarrolló en la Península Ibérica a finales del siglo XIX y principios del XX. Se enmarca dentro de las corrientes orientalistas de la arquitectura historicista imperante en Europa por aquella época 4. En España, este estilo se reivindica en su momento casi como estilo Nacional, quizá porque su estética está basada en un estilo propiamente hispano. Sin embargo es importante aclarar, que lo que la historiografía ha considerado tradicionalmente como neomudéjar, es realmente estilo árabe o hispanomusulman, puesto que los elementos que se recrean son califales, almohades y nazaríes, siendo el único aspecto mudéjar el uso del ladrillo visto 5.
En España las muestras del estilo neomudéjar son amplísimas y valgan como ejemplo las plazas de toros de Madrid y Barcelona o las estaciones de ferrocarril  que proliferan por toda la península. En Andalucía, Sevilla se lleva la mejor parte y presenta edificios tan  espectaculares como la estación de Plaza de Armas o el edificio “La Adriática”, hoy posiblemente tan fotografiado por los turistas como la Giralda. 


                                          Edificio "de la Adriática". Sevilla. José Espiau Muñoz.

Este estilo está muy vinculado a la arquitectura del ocio, que es sinónimo de turismo. En este orientalista y exagerado estilo se construyeron en España, aparte de las plazas de toros y muchas estaciones de ferrocarril, teatros, hoteles, balnearios y casinos.
En Andalucía, aparte de algunos edificios de la ya mencionada Exposición Iberoamericana como el denominado Pabellón Mudéjar, hoy Museo de Artes y Costumbres Populares o el Teatro Falla de Cádiz, se edificaron también villas y hoteles. El más espectacular ejemplo nos lo ofrece el Hotel Alhambra Palace de Granada, inaugurado también por Alfonso XIII en 1910. Los planos y la estructura en hierro fueron diseñados por el arquitecto inglés Lowet, pero el edificio lo realizó el arquitecto vasco Modesto Cendoya. Este arquitecto, que no tenía ni idea de arte islámico, fue además también restaurador de la Alhambra, pero esa es otra historia. Este establecimiento hotelero que cambió la imagen de Granada, al estar situado en un lugar tan emblemático, está compuesto por varias estructuras arquitectónicas acopladas, entre las que destaca la del ala oeste que nos recuerda  sin reservas a la Torre del Oro de Sevilla.



                                      Hotel Alhambra Palace de Granada. Modesto Cendoya.

 El hotel, que en su inauguración se presentó como de gran lujo, decoró sus interiores con elementos arquitectónicos propios de la estética hispanomusulmana, abusando de yeserías y azulejos, pero sin embargo parte del mobiliario estuvo compuesto por piezas de diferentes estilos y épocas. El rococó, el gran estilo decorativo del siglo XVIII , el Luis XIV y el XV se aposentaron y hasta la actualidad, como la representación del lujo y la opulencia. De hecho, en los palacios marbellíes que se construyen a partir de los años ochenta, el gusto por estos estilos es el que impera, por supuesto ya mezclados y desvirtuados, pasando a formar parte de lo que vulgarmente  se denomina hortera. El Alhambra Palace utilizó muebles de estos estilos dieciochescos, fusionándolos con mobiliario castellano y algunos objetos de impronta árabe. 



                             Interiores del Hotel Alhambra Palace en el momento de su inauguración.
 


En Málaga, el neomudéjar también deja una huella importante. La plaza de toros de la Malagueta es una de ellas, pero posiblemente la obra que mejor define esta corriente idealizada de la ensoñación exótica de nuestro pasado, es el Mercado de Salamanca, en el barrio del Molinillo. Este edificio es obra del arquitecto malagueño Daniel Rubio, al que también se le encargó el Plan de Ensanche de la capital costasoleña. 




                                                Mercado del Molinillo. Malaga. Daniel Rubio.

Mientras, el industrial malagueño Enrique Navajas Ruiz,  encarga el diseño de su villa en Torremolinos. En el caso de esta vivienda burguesa, su aspecto de capricho arquitectónico  se sirvió de nuestro pasado musulmán, para crear toda una escenografía exgerada. Un lugar que provocaba fantasías y alardes de riqueza 6. Hoy este edificio está declarado Bien Histórico por la Junta de Andalucía, es propiedad del ayuntamiento de Torremolinos y tras una larga restauración es la sede de un centro cultural.

                                                         Villa Navajas. Torremolinos.
 


En Benalmádena junto al mar, se construye en 1927 y con diseño del arquitecto Enrique Atienza, el conocido Castillo de Bil-Bil. Conocido porque se encuentra en la N-340 y su imagen que evoca a los palacios de Marrakech, sobre todo por el color almagra en el que está pintado, contrasta enormemente con ese entorno repleto de moles de apartamentos. El matrimonio formado por León y Fernanda Hermann, primeros propietarios de Bil-Bil, también basaron su “casa” vacacional en la estética del glorioso Al-Andalus. 


                                         Castillo de Bil-Bil. Benalmádena-costa. Enrique Atienza.
 

En Marbella, al igual que ocurre con el regionalismo, este estilo tampoco puede presentar ninguna obra, al menos en la etapa en la que es la tendencia imperante, porque como ya se ha escrito, la ciudad no empieza turisticamente hablando hasta unas décadas después. Aún así, en este apartado que se le ha denominado Árabe, se construyen sobre todo en los años ochenta al calor de los jeques del petróleo, etapa que se escapa a este trabajo, muchos caprichos  que se recrean en la ensoñación del neomudéjar.
El primer aterrizaje de un avión comercial en Málaga, tuvo lugar en marzo de 1919. Por entonces no solo no existían pistas sino que además el piloto por cuestiones de seguridad tuvo que aterrizar en otro lugar cercano al que estaba previsto. Una compañía francesa, la Lignes Aériennes Latécoère, organizaba ese primer vuelo entre Europa y África, porque ese primer avión que pisa la Costa del Sol, solo lo hace como escala, su destino eran las ciudades del Protectorado Francés. A partir de ese momento, las autoridades y la burguesía malagueña, vieron en la aviación una nueva posibilidad de comercio e interrelación, ya que la ciudad estaba sumida en un declive motivado por la filoxera y la declinación de la industria local hacia zonas como Cataluña o el País Vasco.  Aquella pista improvisada, que se le llamó El Rompedizo, fue primero dotada de un hangar para los aviones y después  el Ejército del Aire situó en 1937 la Base Aérea de Málaga. A esta infraestructura se le añadió un pequeño edificio con torre de vigilancia que se le encargó a Luis Gutiérrez Soto, se recuerda que es el mismo arquitecto que después, en 1947 proyectó la terminal en estilo regionalista. Esta torre, algo sobria, poseyó unas reminiscencias norteafricanas y coloniales evidentes, que acercaban a aquellos primeros turistas que iban camino de África a un mundo exótico, donde el estilo arquitectónico que iban a encontrarse era obviamente el árabe. 


                          Torre de control del aeropuerto malagueño del Rompedizo. Luis Gutiérrez Soto.
 

Ese lugar exótico estaba a la vuelta de la esquina, en la escala siguiente de esos primeros vuelos entre Europa y África. Francia y España, que se habían repartido de desigual manera, el territorio que hoy compone el Marruecos actual, construyeron muchos edificios que coinciden en el tiempo con el esplendor de este estilo que se analiza en este capítulo. Las ciudades como Tánger o Tetuán, capital esta última del protectorado español, se vieron inmersas en un crecimiento apresurado y hubo que proyectar todo un entramado urbanístico que no existía. Todos los estilos arquitectónicos del momento tuvieron vía libre para apuntarse a esa infraestructura que se estaba creando, pero el estilo colonial con reminiscencias árabes es el más utilizado. Cuando Marruecos se independiza en el año 1956, una ingente cantidad de “descolonizados” empieza a desembarcar en la península. La mayoría de ellos se asienta a lo largo de la década de los 60 en el litoral Mediterráneo y más concretamente en la Costa del Sol. Traen consigo una actitud mucho más cosmopolita que la que tiene  la sociedad española del momento y la imagen estética de un paraíso perdido.  Una estética arquitectónica que ya se ha descrito y que posee mucha fuerza para ser la que se utilice en la emergente Costa del Sol. Es cierto, que la mayoría de compatriotas que regresan del Marruecos español, no tiene la capacidad económica y la influencia social suficiente para colaborar en la nueva infraestructura que se está construyendo en la Costa, pero sí aportan su grano de arena. Sus nuevas casas están impregnadas de elementos decorativos de ese Marruecos nostálgico y en la Costa del Sol, las alfombras bereberes tejidas a mano, los cojines de tintes étnicos y algunos enseres domésticos, están presentes en muchos espacios, mientras que en el resto del país,  la austeridad que en todos los sentidos  provoca y exige una dictadura, es la pauta. El decorador Jaime Parladé, criado en Tánger y del que se hablará posteriormente, basó gran parte de su proyecto estético en estos elementos provenientes del Magreb. 
El estilo árabe sigue sin perder puntuaciones en esta apuesta por la búsqueda de un estilo para la ciudad de Marbella. Casi todo lo que engloba la cultura islámica, está íntimamente unida a la idea de paraíso y el discurso del Corán se dirige siempre en esa dirección. El jardín y el patio son las expresiones constructivas de ese concepto. La Alhambra es piedra y es agua y es vegetación. Todos los movimientos estilísticos que se desarrollan dentro del gran prisma que abarca el estilo árabe, cuentan obligatoriamente con un exterior íntimamente ligado al interior.  Galerías porticadas con arcos (en España, almohades, califales, nazaríes…), por patios que se internan en los espacios donde sus habitantes comen o duermen y que en la Marbella que se presenta, en gran parte motivados por el clima, adquieren una importancia arquitectónica relevante.
A principios de los años 70 se construyeron, con diseño del arquitecto Carlos de Ochoa, las urbanizaciones del Ancón y al lado, la del Oasis. Aunque ya se habían realizado otras construcciones en este lenguaje islamizado en la Costa, como la del arquitecto Manuel Camisuli en Estepona, donde se destacan claramente los  volúmenes de la cúpula localizada en el centro y de la torre alminar que mira hacia La Meca, estas urbanizaciones poseen una presencia mucho más significativa que una sola casa unifamiliar. El Oasis presenta una fachada hacia el mar, con un jardín delantero al que se asoman las terrazas, en ese diálogo entre el interior y el exterior tan propio de la cultura de la que nace este estilo.




                                            Urbanización El Oasis. Marbella. Carlos de Ochoa.

 En el centro de este complejo turístico, también frente al mar, se situó en un principio el club social, que se alejó decorativamente hablando del estilo árabe contemporáneo del resto del  conjunto y se acercó a la ya analizada corriente neomudéjar. Años después, en este lugar se instaló el restaurante Toni Dalli´s, que terminó por confundir del todo al edificio y lo colocó en el “kitsch” más absoluto. Es importante señalar que aunque en décadas posteriores se recrean  en la Costa del Sol y sobre todo en Marbella, muchos edificios al amparo de los múltiples estilos árabes, desde el arábigo hasta el turco, los pioneros se centran en el ámbito Mediterráneo. Estas construcciones tienen a su vez  mucho en común con  las vernáculas de Grecia o de Ibiza, entre otras cosas porque comparten materiales como el enlucido de cal, la teja e incluso la cúpula de media naranja.
Muy cerca de estas dos urbanizaciones que se han comentado, se levanta en el año 1973 y de la mano de los arquitectos José Posadillo Sánchez de P. y Juan Mora Urbano, el edificio Port-Oasis, una construcción en forma de zigurat, que aunque teóricamente pertenece al estilo organicista (dentro del siguiente capitulo: Estilo Internacional), se ha incluido en este porque su imagen transporta al espectador-turista-visitante, de nuevo a ese mundo exótico de pirámides y jardines con palmeras. En este edificio, se pone además de manifiesto el valor de la terraza y su utilidad en este rincón de la península, de hecho la misma fachada pierde su función diferenciadora entre espacios internos y externos 7. 



                                    Edificio Port-Oasis. Marbella. José Posadillo y Juan Mora.

Estos espacios internos, por supuesto no están sujetos a la tradición de hábitat propiamente islámica, primero porque se construyen siglos después del esplendor del estilo hispanomusulmán en Andalucía y la tecnología y la vida domestica es otra completamente y segundo porque los usos de estas viviendas están orientadas para un visitante exclusivamente estival.
Destacar en este estilo, una obra aislada: La torre de clara influencia árabe del Hotel Puente Romano. Este hotel que será analizado en el último capitulo de este trabajo, el neopopular o andaluz, es una obra emblemática del arquitecto y teórico de origen boliviano, Melvin Villarroel. En medio del conjunto arquitectónico, evidentemente andaluz, donde se incluye un puente supuestamente romano,  se presenta este alminar. De hecho es la  torre la que se utiliza como logotipo del hotel y se acepta, al menos el turista, como parte de la estética general del resto de la construcción y en ese idilio que mantienen estos dos estilos de vez en cuando.
Los interiores de los edificios que se han tomado como ejemplo, tampoco se decoran exclusivamente con elementos arabizantes. En los años en los que se construyeron, las tendencias en decoración estaban muy influidas por los estilos sujetos al Movimiento Moderno o Estilo Internacional, como el pop o el psicodélico. Un mobiliario funcional u organicista, construido en muchos casos con materiales sintéticos, donde predomina la curva, se excluyen los localismos y al que solo se le permiten algunos matices, como el siempre presente farol que tantas denominaciones posee, pero que la mayoría conoce como “granadino”. Estos faroles que con diversas formas y cromatismos en sus cristales, también fueron utilizados en el regionalismo, en el neomudéjar y en la actualidad se venden en infinidad de establecimientos, aunque en Andalucía queden cada vez menos fabricantes.
La casa que la duquesa de Alba se construye en la urbanización Casablanca, en 1963, se presenta al gran público en la revista Hola, con ese personaje ataviado de gorro y bañador propios de la época. Inicialmente esta casa, solo consta de una planta y está estructurada dentro de los parámetros de la corriente arquitectónica imperante en el resto del mundo, el Estilo Internacional. Posteriormente se va mutando en una casa al más puro estilo árabe y de hecho hoy día podría decirse que es una construcción que se ha trasladado a Marbella, directamente desde la medina de Asilah, en Marruecos.



                                         Exteriores de la casa de la Duquesa de Alba. Marbella.

 La fotografía que se conserva de los años 70 de Cayetana de Alba en su casa marbellí 8, de todas formas, confirma que la decoración del momento no incluye todos los componentes árabes que se vislumbran en el exterior. 

                                                   Interior de la casa de la Duquesa de Alba.


Otro edificio que se transforma  con los años y también acaba ofreciendo una imagen de evidentes connotaciones árabes, es el Club Náutico. El Club Marítimo de Marbella se fundó en 1956  y el edificio original se construye con una fuerte vocación marítima, de formas simples, grandes ventanales y rodeado de terrazas. En el año 1980 se reforma totalmente el Puerto Deportivo, al que se dota de nuevos embarcaderos y de un conjunto arquitectónico a ras del paseo marítimo, con locales comerciales y aparcamientos. El arquitecto Alberto Díaz Fraga es el responsable del diseño del mismo y también del nuevo aspecto, influido por la tendencia ochentera marbellí, del edificio del Club Náutico. El interior de este edificio, sigue conservando de todas formas, su vinculación marinera y los adornos relacionados con la náutica, como lo nudos marineros o las anclas, decoran sus espacios.  


                                        Edificio del Club Nautico de Marbella. Alberto Díaz Fraga.

En los años ochenta del pasado siglo, como ya se ha comentado, en Marbella se construyen palacios, mezquitas y urbanizaciones al más puro estilo árabe. Algunas de esas construcciones, como el conjunto Las Lomas del Marbella Club, del arquitecto australiano Donald Wallace Graytonkin, consiguen una armonía y belleza extraordinarias, pero la mayor parte de lo se crea se encamina en otra dirección. Edificios muy aparentes, que  decoran sus espacios interiores con todos los componentes que engloban el lujo faraónico y el derroche. Los dorados del falso rococó y el brillo de las lámparas de araña, se mezclan con los arcos de herradura y los adamascados. Entre el mal gusto y la opulencia existe una línea muy fina y Marbella, por razones obvias, siempre estará al borde de traspasarla, pero esa etapa de la historia estética de la ciudad, no alcanza a este trabajo. Edificios como los palacios de la familia real saudí, el Aresbank o complejos como La Alcazaba o  Alhambra del Mar, son analizados  magistralmente por Francisco Javier Moreno en su  Memoria de Licenciatura “Arquitectura neoárabe contemporánea en la Costa del Sol Occidental” 9. 




NOTAS

1- Francisco Javier Moreno Fernández. "Mezquitas Contemporáneas en la Costa del Sol: reflejos estilísticos de una década de presencia musulmana". Cilniana. nº 14. pg. 26-38. 2001.
2- Fernando Alcalá Marín. La Marbella Musulmana. Ayuntamiento de Marbella. 1983.
3- Fernando Alcalá Marín. La Marbella Musulmana. Ayuntamiento de Marbella. 1983.
4- Martín M. Checa Artasu."Refuncionalizaciones polémicas, plazas de toros y arquitectura neomudéjar: algunos ejemplos en España". Revista Bibliógrafica de Geografía y Ciencias Sociales. Vol. XIV. Nº 389. Universidad de Barcelona. 2009.
5- José Manuel Rodríguez Domingo."Neomudéjar versus neomusulmán: definición y concepción del medievalismo en España". Espacio Tiempo y Forma. Serie VII, Hª del Arte. Pags. 265-285. 1999.
6- Juan Gavilanes Vélaz de Medrano. "El viaje a la Costa del Sol (1959-1969)". Tesis doctoral. 2012
7- José Manuel Morales Folguera. La Arquitectura del Ocio en la Costa del Sol. Universidad de Málaga. 1979.
8- Juan Bonilla. La Costa del Sol en la era pop. Fundaciónr José Manuel Lara. 2007.
9- Francisco Javier Moreno Fernández. "Arquitectura neoárabe contemporánea en la Costa del Sol Occidental". Memoria de Licenciatura. 1995. Universidad de Málaga.

miércoles, 15 de julio de 2015

MARBELLA EN BUSCA DE UN ESTILO





I.  EL REGIONALISMO.
Un referente posible para la estética de la Costa del Sol.






                                          Plaza de España. Pabellón de España en la Exposición
                                          Iberoameriamericana de Sevilla. Aníbal González.

Para entender este movimiento arquitectónico, que coincide más o menos con lo que en pintura se denomina costumbrismo, hay que mirar y como siempre que se analiza una corriente o movimiento, ya sea artístico o de pensamiento, a lo que ha sucedido anteriormente.
El regionalismo, primero gira en torno a la perpetuación de los historicismos decimonónicos. Esos historicismos que basan sus pautas estéticas en los grandes estilos antiguos de la historia del arte y que en el siglo XIX, aupados por la percepción romántica del momento, ofrecen obras muy variopintas tanto en Europa como en América. El neoclasicismo, primer y más importante historicismo impera en la primera mitad del siglo. En la segunda parte, el eclecticismo, que es el estilo que usa varios lenguajes estéticos anteriores en una misma obra, se configura paralelamente al historicismo, pero son  diferentes.  En pintura, el impresionismo  se desmarca y empieza a ofrecer al gran público un arte donde la figuración empieza a desvanecerse, un arte que le abre camino a esos movimientos de vanguardia que traerá ya bajo el brazo el siglo XX. Periodo complicado de la historia de la arquitectura, porque en ese eclecticismo, existen una superabundancia de tendencias que se entremezclan y que acaban en cada país  resucitando tradiciones estéticas, dando lugar a  los regionalismos. El concepto romántico sobre la identidad  de los pueblos, basado en las diferencias culturales que los distinguen, necesita de una imagen, un ideal estético en el que apoyar esas ideas que se quieren potenciar. De hecho si leemos esta descripción que se hace en  Documentos para la historia del regionalismo en España,  se advierten algunas cuestiones muy obvias: “Regionalismo en política, es la ideología y el movimiento político que aún aceptando la existencia de una comunidad política superior, como la nación, pretende la defensa específica de una de sus partes. Una región que se distingue por su homogeneidad en lo físico, lo humano y lo cultural. Algunos autores lo identifican con el autonomismo en oposición al centralismo”1. De la lectura de esta descripción , se obtiene toda  una declaración de principios a la que se adhieren los idealistas de esas teorías y que  en ese estilo posible, arquitectónicamente hablando, al que se le permite todo tipo de adornos localistas, se aferran.
En Andalucía, el estilo regionalista presenta multitud de obras y sobre todo en la que hoy es la capital de la Comunidad Autónoma, Sevilla. De hecho esta ciudad es imposible identificarla en la actualidad, sin obviar la impronta presente  en casi cada esquina y no solo del casco histórico, del estilo regionalista.
En Alemania y en Inglaterra este movimiento arquitectónico también presenta una buena dosis de obras, potencias europeas, donde existen  regiones claramente identificativas, que son además las precursoras de los independentismos con su correspondiente estética  regionalista.
En el resto de España, el estilo adquiere según la presión política de esas ideas, diferentes vertientes.  En Cataluña se va desmarcando hacía el modernismo y se desvincula, aunque el neomudéjar (estilo que se ha integrado en el capítulo siguiente, pero que para la mayoría de los autores forma parte del regionalismo) deja sobradas muestras.  En Valencia se construyen obras significativas como la estación de trenes del Norte, con esos ramos de naranjos como elemento decorativo tan autóctono y en Madrid la mayoría de las obras (dejando a un lado como en Barcelona las adscritas al neomudéjar) miran abiertamente hacia el Sur. El mismo Aníbal González construye la sede del diario ABC en el Paseo de la Castellana.

                                          Edificio del diario ABC en Madrid. Aníbal González.

En Andalucía el llamado por algunos “regionalismo historicista” ,  es un movimiento arquitectónico que se dio en este territorio a finales del siglo XIX y principios del XX y hasta el inicio de la Guerra Civil. Un estilo sujeto a un ideario, avalado por una parte de los intelectuales que apoyan una eterna dividida Europa.
El mismo denominado padre de la patria andaluza, el notario natural de la localidad malagueña de Casares, Blas Infante, se construye una casa en la que expresa hasta la extenuación ese sentimiento tan teatralmente telúrico, esa preocupación por la recuperación de un pasado artístico, especialmente el mudéjar y el barroco, considerados ambos como gloriosos. Esta casa, situada en la localidad sevillana de Coria del Río, que hoy forma parte del Museo de la Autonomía Andaluza, es posiblemente el peor ejemplo que se pueda utilizar para ensalzar este estilo, porque como vivienda privada resulta anacrónica, incómoda y fea,  pero si es interesante para afianzar el argumento de lo estrechamente unido que caminan ideología y estilo.
La Exposición Iberoamericana celebrada en Sevilla en 1929, en la que la dictadura de Primo de Rivera, intenta exhibir una España auténtica, pero a su vez moderna y vital, sirve también como escaparate arquitectónico internacional. Al tratarse de una exposición iberoamericana, el estilo colonial español, que los norteamericanos llaman “misiones españolas, es el que todos los países participantes usan para venderse. España y Sevilla, los anfitriones, derrochan arquitectura regionalista. La  deslumbrante y escenográfica Plaza de España, Pabellón  de España en la exposición, es el paradigma de esta corriente y es hoy uno de los monumentos más visitados del país. Unos años antes, ya se dan muestras de este estilo en la región. En Málaga, el arquitecto  Fernando Guerrero Strachan y encaminándonos ya al objetivo de este estudio, que es la estética de la ciudad de Marbella, había firmado algunos proyectos. En 1922, el Rey Alfonso XIII coloca la primera piedra del hotel Príncipe de Asturias, magnífico edificio frente al mar, de clarísima impronta regionalista. 


                                       Hotel Prícipe de Asturias, después Miramar, en Málaga.
                                       Fernando Guerrero Strachan.

En 1926, se abre al público el hotel Caleta Palace, también en el estilo que se analiza y antes, en 1919 se construyen para los bañistas de la burguesía malagueña “Los baños del Carmen” 2, hoy desgraciadamente en ruinas. Ambas obras también del mismo autor y claves para comprender el exagerado, localista y algo fantasioso regionalismo andaluz. 


                                          Hotel Caleta Palace en Málaga. Fernando Guerrero
                                          Strachan.

En Sevilla, de la mano del prolífico Aníbal González, autor de la comentada Plaza de España y del edificio  ABC en Madrid, se construyen muchos edificios. Construcciones que tienen en común el ladrillo visto, la azulejería de Triana, la teja vidriada y toda la parafernalia que decora una época en la que Andalucía fue un referente importante del pensamiento y el arte del mundo conocido.
Aún así, a la corriente regionalista andaluza, se le cuelan y para terminar de definirla, las influencias del barroco.  En esta tierra, ese gran estilo, que tantas maravillas arquitectónicas, pictóricas y escultóricas ha ofrecido a la humanidad, llega un poco tarde, pero llega y cala. El siglo XVIII es en Andalucía un pilar, según Caro Baroja en su “Etnología andaluza” 3, donde se asienta la estética y parte de la personalidad que nos define. Es en este siglo donde se cuaja el flamenco y donde las corridas de toros adquieren su importancia como espectáculo de masas. Como ejemplos ineludibles de la arquitectura dieciochesca andaluza, las Maestranzas de Sevilla y de Ronda. De las Haciendas de Olivar, esos conjuntos arquitectónicos que se perfilan en el horizonte de las provincias de Córdoba, Sevilla y Cádiz,  de origen romano y árabe, copian los arquitectos regionalistas, fachadas, torreones,  patios y hasta las rejerías. La designación de este tipo de fincas, con su correspondiente caserío,  que no hay que confundir con los cortijos,  que es la construcción rural y agrícola más popular del Sur de España, se populariza en el siglo XVIII, época de mayor esplendor de estas fincas olivareras. Juan de Talavera y el ya citado Aníbal González, los dos grandes del estilo en Sevilla, aparte de copiar, proyectaron haciendas, porque la llamada arquitectura regionalista, recoge gran parte del mito y prestigio de esta arquitectura rural 4.


                                                                 Hacienda de Olivar.

 
Centrándonos ya en el ámbito territorial que analiza este trabajo, es decir la Costa del Sol y más concretamente Marbella, se puede afirmar rotundamente que el estilo regionalista no es el que lo define.  Esto no sucede en los lugares de veraneo, donde en aquellas primeras décadas del siglo XX, acude la burguesía y la aristocracia sevillana. La sombra de la Giralda es alargada y la influencia del regionalismo en algunas de las villas y chalets que se construyen en ciudades como El Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda o Chipiona son más que evidentes.
En la Costa del Sol, el fenómeno arquitectónico que se recrea a la sombra de una Exposición internacional como la del 29, que crece ligado a unas teorías nacionalistas, es imposible. Como ya se ha comentado al principio de este apartado, este estilo se desvanece con la llegada de la Guerra Civil y la Costa del Sol, con algunos matices que se analizan posteriormente, no despega hasta unas décadas después, ya en la dictadura del General Franco y bajo la que todas las utopías han sido abolidas.
Se han obviado desde un principio en este trabajo, los estilos íntimamente ligados a la industrialización, como son el modernismo y posteriormente el art-decó, que en Andalucía, por razones evidentes tienen muy poca relevancia, exceptuando algunos ejemplos interesantes en Málaga capital y en Melilla. Es por tanto obligado reafirmar que la industria turística, motor de la economía costasoleña a partir de los años cincuenta del siglo XX, no puede utilizar como imagen propagandística esos estilos ni tampoco el regionalista a pesar de la carga identificatoria, real o idealizada, que este último arrastra consigo. De todas formas, los ejemplos que existen son dignos de incluirlos en este trabajo, primero porque fueron los pioneros de la industria en la que se basa la economía andaluza y segundo porque nunca deben descartarse del todo en un análisis de este tipo,  las obras que pueden componer  algo tan complicado de sintetizar y cronologar como es un movimiento artístico.  A los ya citados edificios del hotel Príncipe de Asturias, después Miramar,  del hotel Caleta Palace y los Baños del Carmen, del arquitecto  Guerrero Strachan, edificios que ya forman parte del patrimonio arquitectónico malagueño, hay que incluir algunas villas en el barrio elitista del Limonar y algunas residencias veraniegas situadas en el incipiente Torremolinos, la mayoría de ellas hoy desparecidas.
Torremolinos, que en aquella época estaba catalogada como barriada, surge como lugar de veraneo un poco antes que lo hace Marbella. La Generación del 27, movimiento literario que en Málaga cuenta con varios de sus más destacados miembros, como Altolaguirre o Emilio Prados, artífices de la revista Litoral, adscrita al sorprendente movimiento surrealista, invitan a Salvador Dalí y la enigmática Gala a pasar unos días en ese lugar paradisiaco que es el Torremolinos de 1930. Por entonces, esa que treinta años después sería una ciudad soñada por medio mundo,  era un pequeño pueblo de pescadores, con unas extensas playas y mucho sol. Se puede afirmar que con la visita de esos personajes ya célebres, con su cercanía al aeropuerto y a la capital, que también ya posee una infraestructura hotelera, Torremolinos se abre al panorama turístico.

                                     Altolaguirre, Dalí, Gala y Emilio Prados. Torremolinos 1930.

El aeropuerto de Málaga, que posiblemente sea el aeropuerto español que más ampliaciones ha sufrido a lo largo de su historia, es clave para entender los estilos arquitectónicos que se suceden en la Costa del Sol. Un aeropuerto hoy día es un lugar apátrida, un espacio sin vinculación a la ciudad y al país en el que se encuentra: Las mismas tiendas, la misma publicidad asfixiante, los mismos humanos que como autómatas circulan por rampas y escaleras. En los años en los que la industria turística empieza a asentarse en nuestra tierra, un aeropuerto es el vestíbulo de entrada a ese paraíso buscado y encontrado por el visitante. La imagen que presenta, es la imagen que ese humano cargado de divisas quiere ver nada más llegar. Es la escenografía del primer acto, de una obra que se sueña feliz y divertida. En el año 1947, en la segunda ampliación que sufre el aeropuerto malagueño, el regionalismo está pegando sus últimos coletazos, pero el pragmático arquitecto  Luis Gutiérrez Soto, al que se hará mención varias veces en este trabajo, diseña una terminal inspirada en esas haciendas de olivar de las que tanto bebió el regionalismo andaluz.
 Se archiva, para el análisis del siguiente estilo, la primera torre de control que este mismo arquitecto había construido para ese aeropuerto en 1937, cuando todavía era una base militar. En las fotografías que se conservan de la terminal malagueña, se observan las paredes encaladas, el porche al que solo le falta una parra, la torre y esos primeros turistas tomando el aperitivo relajadamente en la terraza a la espera de su vuelo. No estaba equivocado del todo Gutiérrez Soto. Era una estética propagandística posible para un lugar que estaba emergiendo como destino turístico internacional, una escenografía original y exótica, que ya  había funcionado en la Exposición Iberoamericana de Sevilla y  con la que la burguesía que veranea en Málaga se identifica. Pero otros estilos empujaban y tenían más posibilidades de afianzarse. En el año 1947, Europa acaba de salir de la barbarie de la Segunda Guerra Mundial, España está sumida en la autarquía, al turismo de masas le queda aún más de una década por aparecer y la terminal regionalista del aeropuerto de Málaga, no resulta, ni como infraestructura, porque muy pronto se queda pequeña y porque el estilo sinceramente ha pasado de moda.


                                Terminal del aeropuerto de Málaga. Luis Gutiérrez Soto. 1947.

En lo que a Marbella concierne, el estilo regionalista “andaluz” no llega, porque en esta ciudad no se puede hablar del fenómeno socio-ecónomico del turismo hasta la inauguración del  hotel en el año 1947, la Venta y Albergue el Rodeo. Hubo un hotel, el Miramar, que abrió sus puertas en 1933 y que además empleó por primera vez en su propaganda, en francés y en inglés, la expresión Costa del Sol, aunque la paternidad se le atribuyó años después al director del diario Sur, Francisco Sanz Cagigas. Este establecimiento tuvo que cerrar tres años después con motivo de la Guerra Civil y no se puede incluir en la historia estética y turística de la ciudad, porque desapareció demasiado pronto para dejar impronta ninguna. El Hotel Comercial de 1919, situado en el casco histórico, era un establecimiento en el que se alojaban representantes de comercio y similares.  No se puede afirmar, porque no llegaron nunca a materializarse, si el regionalismo estaría presente en los proyectos que se describen en las dos obras que escribió el militar afincado en la ciudad, Ramiro Campos Turmo. En estas dos pequeñas obras se explican sus propuestas para el desarrollo del turismo: “Costabella, la riviera española” 1928 y la segunda, impresa en Málaga en 1929, en la que proponer construir “El jardín de España en Marbella”. En esta segunda  obra, donde aparte de dotar de ciertas infraestructuras a la ciudad,  su sueño se complementaría con otras actuaciones: “… Para la estética del conjunto se proyectarían plantas, glorietas, inscripciones, columnas, estatuas y diversas construcciones, con el objeto de convertir dicho terreno en el lugar más agradable de Europa, por el doble motivo del encanto del clima y la belleza de la obra”.  Si atendemos a las fechas de publicación de estas propuestas, que coinciden con el auge del estilo en Andalucía, es muy probable que el regionalismo fuera la estética, pero como ya se ha comentado, solo fueron las propuestas escritas por un militar 5.


Aún así es interesante destacar algunos ejemplos que  se acercan al movimiento  y que se dan muy a posteriori. El primero de ellos y siguiendo un orden cronológico, se correspondería con el del primer edificio de la sede de la Caja de Ahorros de Ronda en la ciudad, que se construyó en la incipiente avenida de Ricardo Soriano en 1952. Constaba de dos plantas y una fachada con paramentos enlucidos en cal, pero enmarcados con columnas de ladrillo visto. La fachada principal presentaba dos balcones con rejería centrados y rematados por un friso neobarroco también en ladrillo visto. Este edificio forma parte de los muchos que se analizarán en este trabajo y que no existen en la actualidad. El segundo ejemplo es el Hotel Las Chapas. Este establecimiento hotelero, que ha vivido ya varias reformas, fue construido en 1958 a orillas de la N-340, en medio de una extensa masa de pinares. En un principio se llamó “Hotel Venta Las Chapas”  y fueron sus autores, los arquitectos asturianos Genaro Alas Rodríguez y Pedro Casariego. Desde luego ninguno de los dos había bebido directamente del movimiento regionalista, pero atraídos por el paisaje o quizá obligados por contrato, utilizaron algunos elementos estructurales y decorativos, como la galería porticada de la planta baja o el remate de la fachada, que puede llegar a recordarnos al del palacio del Marqués de la  Gomera en la localidad sevillana de Osuna. 

                                          Hotel Las Chapas en Marbella. Genaro Alas Rodriguez,
                                          Pedro Casariego.

El Hotel Cortijo Blanco, construido en 1960, sería el tercer ejemplo de construcciones realizadas en Marbella bajo el influjo del estilo regionalista. Aunque su nombre alude a las construcciones rurales populares, es decir los cortijos, está proyectado a imágen y semejanza de una de esas Haciendas de Olivar que suponen una arquitectura mucho más sofisticada, entre otras cosas porque en ellas se utilizan materiales más nobles, como columnas, azulejos o pórticos y escudos tallados en piedra.


El cuarto, en este caso, un gran conjunto arquitectónico, es el Hotel Andalucía Plaza. La filiación de sus autores,  Antonio Delgado Roig y Alberto Balbontin De Orta, formados ambos en Sevilla al calor del regionalismo, nos habla en cierta medida del estilo que se analiza en este primer apartado de “Marbella en busca de un estilo”. No se puede citar este hotel como puramente regionalista, porque entre otras cosas posee muchas influencias castellanas, neobarrocas y hasta clásicas, con las dos columnas en el primer término de esa plaza en torno a la cual se cierra todo el complejo 6.



La actuación más curiosa y anecdótica del posible desembarco en Marbella del estilo que no la define, es la del Hotel El Fuerte. Este establecimiento, situado en primera línea de playa y en el mismo centro de la ciudad, no nació bajo ningún estilo concreto. En un principio era un edificio sin interés arquitectónico ninguno, que se inauguró con una cena para 500 invitados en el verano de 1957, pero que contaba en su jardín con un fortín del siglo XVIII, que le dio nombre al hotel y después a la cadena. Este elemento patrimonial, unido al telón de fondo capitaneado por la torre de la iglesia de La Encarnación, bien que podría haber sido todo un referente estético para el  posterior  “skyline“ de la ciudad. Pero es además, en la última restauración ya a finales de los años 80, donde los propietarios del mismo, deciden hacerle un guiño a ese estilo regionalista olvidado, dotando a los torreones de los extremos,  con una cubierta a cuatro aguas con tejas árabes vidriadas, como estaban en un principio, añadiendo algunos elementos más, como la marquesina de la entrada, también con la teja árabe vidriada y recubriendo todo el conjunto de un color almagra evidente. A esas alturas de finales del siglo, la ciudad y la Costa ya estaban de vuelta de toda estética posible y este edificio que acaba recordando un poco al Miramar  de Málaga, aparece anacrónico en medio de la vorágine arquitectónica que lo rodea.  

Hotel El Fuerte en Marbella.

De los interiores del estilo regionalista en Andalucía, se conserva poca documentación. En primer lugar porque los materiales con los que se construye el mobiliario y la decoración, en cualquiera de los estilos, son mucho más delicados que los que se utilizan obviamente para los exteriores y eso conlleva obligatoriamente a una renovación. Por lo tanto, hoy tantos años después, es difícil encontrar, digamos en estado puro, una muestra del concepto que el regionalismo tenía con respecto a la habitabilidad  de sus edificios. Existen fotografías que nos muestran la decoración y el ambiente con el que se habían equipado, sobre todo  los hoteles y los edificios públicos. En la mayoría de ellos, existe una estrecha relación entre continente y contenido. En aquellos años, aún no se publicaban revistas de decoración y estilo, o al menos orientadas al gran público, que podrían haber sido testigos de, al menos, la casa idealizada del regionalismo. La hedonización que provocan los espacios que luce el hábitat en las revistas actuales, independientemente del soporte en el que estén publicadas, es transferible a la documentación gráfica que se publicó cuando el regionalismo era la tendencia.  


                                           Vestíbulo del Hotel Alfonso XIII en la actualidad.

Los interiores de la casa de Blas Infante,  muestran una escenografía más cercana al cine de Bollywood que a una casa ubicada en la Andalucía real de los años 30. El padre de la patria andaluza, personaje comprometido con los problemas reales del territorio que defendía, construye una casa irreal y fantasiosa. Este edificio está rehabilitado y se muestra al público con una buena dosis de imaginación, pero es valido para comprender algunos matices del regionalismo. 

                                              Interior de la casa de Blas Infante. Coria del Río.
                                              Sevilla.

La realidad, por supuesto es otra, y los hoteles, como el Príncipe de Asturias, en Málaga o el Alfonso XIII en Sevilla, se decoran para ser habitados por una nueva tribu que se llama turismo, en este caso una tribu aún minoritaria.



                                             Interior de la época del Hotel Miramar en Málaga.


 La Plaza de España, está construida tanto por dentro como por fuera, en el mismo concepto estético del movimiento regionalista. Los elementos decorativos como las yeserías, los artesonados, la azulejería y los herrajes, se repiten en el exterior y en el interior. Todo el mobiliario histórico que decora muchos de los palacios y castillos andaluces y castellanos de otras épocas, es perfectamente idóneo para idealizarlo como elemento esencial  dentro del concepto regionalista de estilo y es útil para colocarlo en cualquiera de sus espacios. El abuso de la azulejería, en zócalos de patios, de escaleras y pasillos es tal, que coincide con el esplendor de la industria azulejera de Triana. El “Mensaque” un tipo de azulejo en relieve, de inspiración almohade, fabricado por la fábrica “Mensaque & Cía”, de Triana, surge como un material innovador que acaba alicatando media capital. Es muy común en Sevilla encontrarse con ese revestimiento, que puede considerarse uno de los materiales más significativos del regionalismo.


                                             Vestíbulo del Hotel Casas de la Judería en Sevilla.


  El mimbre, otro material que nunca abandona la escena, está presente en parte del mobiliario de esos establecimientos  hoteleros pioneros de la industria turística. En España y hasta el siglo XXI con la invasión China, existieron muchas empresas dedicadas a la fabricación de muebles de mimbre, sobre todo en la Comunidad Valenciana. Un tipo de mobiliario que en la mentalidad de todos está asociado al verano, a la costa y al relax.
Las paredes, que siempre están expuestas a todo tipo de discursos, se ofrecen esta vez para platos de cerámica, no precisamente popular, para tapices, adornos fabricados en forja y cuadros de contenido abiertamente costumbrista. De la herencia de ese estilo decorativo, recoge algo después la escenografía costasoleña, aunque en menor escala en relación a las  otras tendencias emergentes.
La mayoría de los teóricos y autores que han indagado y publicado sobre el   regionalismo, incluyen en la misma corriente las obras que se califican como neomudéjar. Ambas están estrechamente unidas y realmente es muy difícil separarlas, pero en la clasificación que este trabajo realiza sobre las  estéticas posibles de un lugar llamado Marbella, ese exagerado orientalismo, se ha incluido en el apartado segundo de este trabajo, que por razones estrictamente sintetizadoras, se le ha llamado “Estilo árabe”.


NOTAS

1- J.A. Santamaría Pastor, E. Orduña Rebollo, R. Martín-Artajo. Documentos para la Historia del Regionalismo en España. Instituto de Estudios de Administración Local, 1977.
2 - Juan Gavilanes Vélaz de Medrano. "Viaje a la Costa del Sol (1959-1969)". Tesis doctoral. 2012.
3 - Julio Caro Baroja. De Etnología andaluza. Colección monografías nº 5. Servicio de Publicación Diputación Provincial de Málaga.1993.
4 - Salvador Rodríguez Becerra. Imágenes de una arquitectura rural: Las haciendas del olivar en Sevilla. Fundación Luis Cernuda, Diputación de Sevilla. 1992.
5 - Miguel Ángel Guillén Ramírez. "Marbella en la época de Primo de Rivera". Cilniana. Pgs. 7-22 2009-2010. 
6 - José Miguel Morales Folguera. La Arquitectura del Ocio en la Costa del Sol. Universidad de Málaga. 1979.

jueves, 18 de junio de 2015

PEDRO MOLINA


    


   
  



Si tuviéramos que clasificar la obra del jiennense Pedro Molina (Andújar 1958), dentro del panorama de la pintura andaluza actual, sería tarea difícil. Su trabajo es tan extenso, como variado. No pertenece a ninguna escuela concreta, pero puede adherirse perfectamente a cualquiera de ellas, con sus consiguientes corrientes, estilos y tendencias. Ha creado bajo influencias evidentes de la cultura a la que pertenece. El paralelismo con la obra de su paisano Rafael Zabaleta (Quesada, Jaén 1907-Quesada 1960) miembro destacado del postcubismo, es obvia en las series Evas y Minotauros, aunque Molina alegra sutil e irónicamente todo el tratado dramático del bodegón español, toda la carga estética que acarrea la tauromaquia. Con estos cuadros, Pedro Molina  plantea una originalísima iconografía con acento andaluz, aunque nos recuerde a Arcimboldo, pero que a su vez se asemeja a la obra del tarifeño Pérez Villalta. Sus "caballos de agua",  también con una pizca de influencia picassiana, se alejan del neobarroco que utiliza en las series antes citadas, pero que no olvidan un cierto acento costumbrista. Maneja con mucha naturalidad soportes y técnicas, elementos y materiales. Cambia y experimenta en cada nueva colección, como expresión de una personalidad abierta y extrovertida. Del colorido sardónico de "sus perros", al intimismo en blanco y negro de sus "aguadas chinas". La influencia de la cultura china en las creaciones de los últimos años, tan distante a esa otra, de la cultura andaluza de la que se nutrió en un principio, ha dado muestras de un virtuosismo y una elegancia realmente increíbles. "De Sanlúcar a Beijing", en la corriente del "shui mo hua", la misma en la que trabaja Gao Xingjian, premio Nobel de literatura en el 2000 y pintor en la tinta china heredera de la caligrafía milenaria de esa tierra, sitúa a Pedro Molina en un nivel de madurez artística muy interesante. Momento creativo, en el que con unas leves e ingénuas pinceladas de tinta negra sobre fondo blanco se transporta el espectador, al fin y al cabo uno de los placeres que nos regala la pintura. Las obras del polifacético Pedro Molina se encuentran  ya dispersas por todo el planeta, aunque él haya decidido no seguirle la pista a ninguna de ellas.
















Este post ha sido posible gracias a la colaboración del propio Pedro Molina. Las fotografías que lo ilustran han sido obstenidas de su página web www.pedromolinap.com . Gracias Pedro.

viernes, 22 de mayo de 2015

EL JARDÍN DE LOS SUEÑOS

 





Con este sugerente nombre, el alemán Eckhard Kost, montó hace catorce años este hotel boutique en pleno Parque natural de Cabo de Gata. La finca donde está instalado el establecimiento consta de 8.500 metros cuadrados, originariamente puro desierto, aunque posee su propio pozo de acuífero. El diseño del jardín y del conjunto arquitectónico es obra del propio Eckhard, basándose sobre todo en el diálogo fluido con el paisaje. Este concepto de hotel, de habitaciones separadas entre sí por jardines  y caminos, ya existía  en la costa andaluza desde hace  60 años, aunque hay que reconocer que en otros terrenos mucho más fértiles que este de Rodalquilar, donde la vegetación es tan escasa. Por ello la inmensa variedad de cactus y plantas propias de lugares áridos, conforman la ambientación y la decoración de todo el hotel. Según nos cuenta el propietario y director, la idea era crear un espacio donde la naturaleza y el comfort del mundo moderno se dieran cita, donde la intimidad y la privacidad de los clientes fueran el atractivo principal.  Las habitaciones, separadas bastantes metros las unas de las otras, están construídas basándose un poco en la arquitectura vernácula del Parque, aunque en los interiores se han utilizado elementos variopintos y foráneos para crear esos espacios prácticos, sencillos y modernos. En este hotel, donde no existen televisiones ni ordenadores, donde los clientes pueden optar por cambiar las telas de lugar o colocar velas, se han utilizado muebles de madera, lámparas antiguas y arte original. También se ha utilizado la artesanía de la zona y porque no ocultarlo, algo de IKEA. El lugar hace hace honor a su nombre, porque algo onírico se desprende en cuanto se pisa el camino de grava que conduce, desde el aparcamiento, hasta la magia del interior.
 



Hotel "El jardín de los sueños", calle Los Gorriones s/n, Rodalquilar, Almería. Parque Natural de Cabo de Gata. 
www.eljardindelossuenos.es 
 


Las fotos que ilustran este post, pertenecen a la página web de dicho establecimiento, por expreso deseo del propietario y director del mismo.

martes, 28 de abril de 2015

JAIME PARLADÉ





                                                             Jaime Parladé, decorador.
                                                     San Sebastián 1930 - Marbella 2015
                                                           


El 18 de enero pasado falleció en Marbella el decorador Jaime Parladé, uno de los creadores de la imagen estética de  nuestra industria turística y figura clave para entender el estilo andaluz de decoración de los últimos cincuenta años.   
Nació en San Sebastián por casualidad, ya que su familia residía en Tanger. En esa ciudad  pasó, según cuenta en su libro publicado meses antes de su fallecimiento, un infancia muy feliz. De esa ciudad se nutrió gran parte de su idiosincracia como persona y como creativo. No podemos olvidar que, hasta la independencia de Marruecos, esa ciudad fue un nido de artistas y celebridades. Emparentado con  parte de la aristocracia española, él mismo era Marqués de Apezteguía, pasó algunos años de su adolescencia con su abuela en Málaga. Cuenta que por aquella casa aparecían continuamente anticuarios y chamarileros, que se hablaba de arte y de antigüedades. Las circustancias, por tanto, que rodearon a Jaime Parladé, sumadas como él repite, a la suerte que siempre le acompañó, fomentaron su natural sentido del gusto y alentaron sus inclinaciones.  Su padre quería que fuese diplomático y lo envió a Granada a estudiar derecho. Vivió varios años en un Carmen y según también cuenta en su libro, allí conoció artistas, literatos y más anticuarios.  De su abuelo paterno, el célebre industrial malagueño Agustín Heredia, heredó la finca Alcuzcuz al norte del término municipal de Marbella. Como anécdota decir que esta finca la había adquirido el industrial, para proveer con sus árboles los primeros altos hornos que se construyeron en España y que estaban situados en el mismo término municipal. Desde ese lugar privilegiado, donde ha residido hasta su muerte, creó su particular estilo. Dice que, el gusanillo de la decoración le entró de verdad al conocer La Cónsula, la casa en Churriana del matrimonio americano Anne y Bill Davies (Hoy es una escuela de hostelería propiedad de la Junta de Andalucía). Después abrió La Tartana, su primera tienda en Marbella, donde empezaron a venderse ese "tipo de cosas" (según sus palabras) que definen la estética de Parladé: muebles sin pretensiones, platos y jarras de loza española, tejidos y alfombras marroquíes, piezas de artesanías locales... Diseñó con su amigo, el también fallecido Duarte Pinto Coelho, en 1958, el Hotel Guadalmina de Marbella. Diseñó las primeras casas que se construyeron en Sotogrande y con Duarte Pinto también abrió el mítico hotel La Fonda, en el caso histórico de Marbella, hoy por cierto tristemente un edificio en ruinas. Decoró en Suiza, Marruecos, Francia y Estados Unidos. Las ilustraciones de su libro, nos hablan también de sus proyectos en Mallorca, en un caserío de la Mancha, un Castillo en Cuenca o un palacete en el barrio de Salamanca. Le decoró casas a los Rothschild y a los March y fue amigo de Cocteau.
Pero su seña de identidad como decorador, de hecho la fotografía elegida para la portada de su libro pertenece a un  rincón de La Tartana, es sureña y andaluza más concretamente. Ese empeño en lo natural, en lo local y en lo auténtico,  en contraste con los grandes estilos europeos, tan apreciados en las decoraciones de otros elitistas destinos turísticos, como su San Sebastián natal o Biarritz. En verdad no tuvo formación técnica ninguna, ni siquiera estudios de arte, pero supo escuchar al paisaje, captar el valioso tesoro que le ofrecía la cultura, estética y antropológicamente hablando, de la Andalucía a la que pertenecía, independientemente de que hubiera nacido en el Norte. Tuvo suerte, insiste en el libro, se encontró por delante un campo de cultivo muy fértil, como fue la Costa del Sol en los años en los que proyectó su carrera. En esos años, en los que el turismo empezó a cambiar nuestro entorno,  en los que otros estilos y materiales ambientaban los espacios y sirva como ejemplo El Hotel Don Pepe, paradigma del Estilo Internacional en España, tanto desde el punto de vista arquitectónico como desde el del interiorismo. Jaime Parladé creó su propio mundo decorativo, que estaba unido intrínsecamente al marco geográfico del que se sentía. Decoró el famoso bar Menchu de Banús, un conjunto arquitectónico el de este puerto deportivo ideal para exponer esa corriente decorativa que desarrolló.  Más sofisticado y quizá un poco alejado de ese, que ahora algunos llaman estilo "Shabby chic" y al que se puede adcribir en un momento dado Parladé, fue el proyecto para las estancias privadas de La Maestranza de Sevilla. En este caso, es que no podemos olvidar de parte de quien venía el encargo. Desde su última tienda, situada en la misma finca Alzuzcuz donde residía, se han exportado muebles y objetos a todos los rincones del planeta y sus proyectos fueron portada de las más prestigiosas revistas de decoración. Experto en cerámica andaluza y española, (detestaba la porcelana) supo combinarla con una naturidad impresionante, con grabados ingleses del siglo XIX o con tapices indios. Trabajó con los mejores artesanos de Andalucía y dignificó objetos y materiales que iban camino del olvido, como el esparto y la anea. Utilizó toda la cromática y texturas propias de la cultura constructiva del Mediterráneo, incluyendo por supuesto al Norte de África.  
Evidentemente, los trabajos que realizó fuera de Andalucía, no forman parte de ese estilo que nosotros analizamos en este blog y que tanto le debe. También es necesario añadir que otros decoradores, como Sir Terence Conrad, fundador de la firma Habitat, trabajaron paralelamente en otros países en las mismas líneas que Jaime Parladé, aunque la mayoría de ellos se dejaron llevar un poco más por  los gustos del momento, como el minimalismo emergente o el rabioso Pop.
Nunca le gustó ese tan traído y llevado "buen gusto...  " Yo lo que tengo es buen ojo, porque la expresión buen gusto es algo tan relativo y tan difícil de definir ".
                                                                        
                     


Las fotografías que ilustran este post pertenecen al libro Jaime Parladé, de ediciones El Viso y son obra de Ricardo Laboucle y Derry Moore. Los textos de este libro son de Ana Domínguez Siemens.









Para saber más sobre la vida, la obra y la Marbella que le tocó vivir a este maestro, que es Jaime Parladé, podéis leer el artículo que su amigo Rafael de la Fuente le escribió el 24 de enero de este 2015, en La Opinión de Málaga, titulado "Jaime Parladé, el genio y sus espejos".


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